martes, 12 de septiembre de 2023

La Divina Comedia y sus elementos simbólicos

Antonio Guerrero Aguilar/ Becario PECDA Nuevo León 2023

Se trata de un trayecto por tres etapas propias del destino en la vida de todo ser humano. Su principal preocupación y su forma de asegurar al menos en el plano de la fe, la salvación eterna. Dicen que si la vida es un sueño, la muerte es un despertar. Dante quedó dormido, pero no en el sueño eterno. Regresó a los tres días para contar lo que vio. Hasta la fecha, no se sabe que hay más allá de la muerte, nadie ha regresado y nos ha contado, aun así, existen los nigromantes, los que hablan con los muertos. Ellos nos brindan chispazos, trozos de lo que puede haber, así como de plano, otros dirán que ya no hay nada más. Todo es materia, no se crea ni se destruye, tan solo se trasforma.

Lo simbólico es lo que nos une. Lo contrario es lo diabólico. Es lo representado y expuesto en signos y señales. Pero nos hemos olvidado de interpretar los signos de los tiempos como de las cosas. Por eso dice Umberto Eco, cuando un signo debe ser explicado, ya perdió su sentido. Somos buscadores de sentidos de las cosas, porque todo nos habla y las cosas suceden por algo.

La epopeya más sublime de la era cristiana, según Mitre. En 1921, decía que si el lenguaje de la “Divina Comedia” ha envejecido, ha ido regenerándose, pues su letra y su espíritu se han rejuvenecido por la rica sabia de su poesía y su filosofía. Se trata de una obra que hizo época y nutre el intelecto humano.

La Divina Comedia es una obra escrita entre 1304 y 1321 (año de la muerte del poeta). En ella se narra el itinerario que Dante sigue partiendo del infierno hasta alcanzar los más altos cielos. El poeta logra llegar a el Estigia guiado por Virgilio, hablará con Tomás de Aquino y en su viaje se encontrará por una selva aún más oscura que la inicial. Su composición va del infierno, al purgatorio y finalmente al paraíso para regresar y contar lo que vio.

Su lenguaje corresponde a “il dolce stil novo”, (Dulce estilo nuevo) denominado por Francesco de Sanctis en el siglo XIX para reunir a un grupo de poetas italianos de la segunda mitad del siglo XIII, integrado por Guido Guinizzelli, Guido Cavalcanti, Dante Alighieri, Lapo Gianni, Cino da Pistoia, Gianni Alfani y Dino Frescobaldi.

Dante está considerado el más grande poeta italiano de la historia de la literatura y la cultura italiana y tiene rasgos entre los encumbrados en la república de las letras. En él aparecen reflejadas las mismas tendencias poéticas del resto de escritores. En su libro Vita Nova (escrito hacia 1294-1295) aparece ya reflejada su idea del amor.

La Divina Comedia no es solo una representación de las ideas y sentimientos contemporáneos, sino también un reflejo claro y espontáneo de los pensamientos individuales del poeta, desde la indignación que le produjo su exilio hasta la fe del creyente y el ardor del filósofo. La Divina Comedia definió el destino de la literatura italiana, dando lustre artístico a todas las formas literarias que la Edad Media produjo. Dante es uno de los precursores del Renacimiento. Hasta bien se le puede ubicar como profeta, porque el arte cuenta la historia de nuestro pasado e insinúa nuestro futuro. Publicada en 1321, en 1342 la ciudad de Florencia pidió a Bocaccio que explicara todo el simbolismo existente, para ello prepararon una edición en 1373.


Todo comienza en la selva obscura, donde el poeta se pierde en medio de la noche, se atraviesa Virgilio. Le dice que lo manda Beatriz a salvarlo. Ella está en el Limbo, llegan a la puerta del infierno, en donde pueden leer: “Lasciate ogni speranza voi che entrate”. En el itinerario se refleja el himno de los tristes. No es fortuito, el hecho de que haya elegido a Virgilio, quien escribió en la “Eneida”: He vivido y he recorrido el camino que la fortuna me había trazado.

El Infierno

Son nueve infiernos, en donde vemos las expectativas de la vida medieval y condiciones sociales. Las clasifica de acuerdo como a la moral cristiana y los fines que buscaron los seres humanos y en consecuencia, están pagando sus consecuencias. Puso a sus enemigos y contrarios, repleta de mitos y personajes tanto de Florencia como de la historia y de su tiempo.

En el año de 1300 se despierta en la noche del Viernes Santo, quiere subir una loma, desiste y es cuando encuentra a Virgilio. Para ir al Paraíso deben pasar por el Infierno y el Purgatorio. Hay un preludio: un cielo negro, persiguen a una bandera ondeante, pero son picados por avispas y avispones hasta sangrar. Escapan y se van al río Aqueronte, uno de los cinco ríos del inframundo y morada de los muertos y espíritus. Logran subir a la barca de Caronte.

El primer círculo es el Limbo, donde no había malos, sino personas que faltaba la fe. Ahí vio a Homero, Ovidio, Horacio, Platón y Aristóteles. En el segundo está la Lujuria, el sufrimiento, pero el menor de los pecados. Un ser monstruoso los separa con la cola. En el tercer círculo: La Gula, ve a los glotones que son almas sin cuerpo. Ve a Ciacco de Florencia que le profetiza que ganará el partido del pontífice. En el cuarto círculo: la avaricia, en donde está Plutón, acuden los envidiosos y descuidados. En el quinto círculo está la Ira, en un río donde hay almas en pugna. Ve a las Erinias que persiguen por venganza a los que cometieron ciertos crímenes. Los herejes y los ángeles les niegan la entrada, solo dejan a Virgilio. Las Erinias eran diosas de la venganza que tenían una insaciable necesidad de vengar todo tipo de injusticias que los dioses y los mortales

Pueden ver una ciudad con los círculos que van del sexto al noveno. En la primera a los herejes como los Epicúreos.  En el séptimo a los violentos, pelean consigo mismo, dañan al arte, con Dios y la naturaleza. Ven al Minotauro. Tras una persecución fueron salvados por los Centauros y advierten de un río de sangre. Ahí reconoció a su preceptor, quien le advierte de su exilio de Florencia. En el octavo vio a Gerión, un monstruo antropomorfo con tres cuerpos humanos. A seres cual quimeras. Ahí están los fraudulentos, los abusadores y esclavistas, a los que practicaron la simonía, los adivinos y hechiceros. Los políticos y estafadores, ve a los hipócritas que caminan lentamente porque llevan una túnica pesada. A los estafadores y manipuladores. Le advierten del grupo al que pertenece. Ahí vio a Odiseo y Diomedes.

En el noveno están los traidores, vio al gigante que hizo Babel. Los pecadores están atrapados en el hielo, congelados en regiones como Caína, Atenora (a su país), Tolomea (por invitar a la traición contra su suegro) y Judea por Judas. En el centro del infierno está el demonio atrapado. Todo está al revés. Recuerden, en la guerra de Miguel Arcángel, contra Lucifer, lo confinó al infierno.

El Purgatorio, como anticipo del Monte Sion.

Por fin llegan al Purgatorio, después de vagar dos días. Salieron por cráter que se formó cuando Lucifer cayó del infierno. Conforme avanzan, ven que los castigos derivados por los siete pecados capitales empeoran:

Los siete pecados capitales corresponden a la clasificación de los vicios o deseos del hombre según las enseñanzas morales del cristianismo. Los pecados capitales son lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Hay un ante-purgatorio. Para llegar a la montaña, hay terrazas complicadas. Hay purgatorio como un castigo temporal después de la muerte. Es para limpiar los pecados, se puede bajar o subir. Están los ex comulgados. El castigo se multiplica por 30. Solo las oraciones pueden recortar las penas y estancias. Los paganos no tienen opción, requieren de la fe. La montaña es una representación divina. Ahí ve a Catón, al valle de los Príncipes, como un sepelio, el águila que arde, la puerta en donde Santa Lucía les da la bienvenida. Un ambiente de fulgor, púrpura y rojizo. Le ponen siete P en la frente que le quitan conforma avanza.



Los poetas por cumplir con los pecados capitales. Al infierno van los pecadores y al purgatorio, los que tienen emociones. Primero, los orgullosos por inconscientes, en la segunda terraza a los envidiosos. Ahí Dante se queda ciego temporalmente, la ira. Una voz que los puede guiar en el trayecto. 

En la cuarta terraza los perezosos, alaban a los pacificadores. Por negligencia espiritual. El amor como fuerza motriz. Sueña con la sirena, siguiendo la terraza, un ángel del cielo. En las que siguen, están los que sufren por avaricia, gula, lujuria, los que se malograron. La tierra tiembla, señal que deben salir. Dante estaba con los justos, pero se desvió.

Alcanza el Paraíso gracias a Virgilio. Ve al árbol de la vida y del bien. El ángel le quita la última P. Cuando Virgilio se despide, le dice: no esperes más palabras ni señales de mi parte, mi voluntad es libre, erguida y entera. Por fin puede apreciar al jardín del Edén. El asunto del libre albedrío. Hay maldad cuando se carece del mismo.

Por fin puede ver a Beatriz, como el camino hacia Dios. El agua y los pecados. Vio la procesión. Compara a los ríos, el del olvido como de la memoria.

Infierno en la teología cristiana

Jesús bajó a los infiernos, como misterio de la encarnación, que se comparte con el sepulcro y el descenso al infierno. La de Cristo fue una verdadera muerte, la de Dante no. Las puertas del infierno no pueden con la Iglesia católica.

Quien no ama permanece en la muerte. Aquello que nos separa de la gracia, solo con la libertad y el estado de gracia.

Quienes van al Purgatorio, los que mueren en la gracia y en la amistad con Dios, pero no están purificados del todo, aunque están seguros de su eterna salvación. Por eso sufren después de su muerte una purificación para entrar a la alegría del cielo.

Es distinta al castigo de los condenados. Lo fijaron en los Concilios de Florencia y de Trento.

Se pensaba en un cierto espacio, donde se encontraría el purgatorio. Para el papa Benedicto XVI, el purgatorio no se presenta como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra: no es un fuego exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. Es el fuego purificador que libera la pena temporal. El pecado es lo que nos priva de la gracia, la incapacidad de la vida eterna.

En cambio, el Paraíso: como aquello que se comparte de la creación divina. Es la armonía consigo mismo. Trasciende la historia y el mundo, símbolo de fe, es lo visible como invisible. La totalidad de lo que existe. Lo que se complementa y sirve mutuamente. Como símbolo de los apóstoles.

El cielo

Jesús murió al tercer día resucitó. Algo similar el viaje que Dante hizo acompañado por Virgilio en dos de sus periplos hacia el cielo. Concebido como la esperanza después de la purificación. Para ello debe olvidar sus pecados en el río Leteo, para llegar al paraíso debe tomar de tal agua, para comenzar el trayecto hasta el Eunoe sitio de las buenas acciones. Ahí recibe el baño santo.

Otra vez, situado en esferas a las cuales debe acceder, son círculos repletos de luminosidad. En la primera está la luna, a donde llegan los espíritus débiles, aunque se portaron bien. Ya tiene a su lado a Beatriz. Como punto de partida, la actitud de vivir en paz y en armonía, no es necesario entender los misterios.

La segunda esfera corresponde a Mercurio, donde moran los espíritus activos. Son recibidos con dicha y paz, quieren hablar con él, pero no hay tiempo de escuchar relatos increíbles.



En la tercera esfera está Venus, donde habitan los amados y los bellos. El alma bella es la que tiene esplendor. Ahí los serafines cantan conmovidos.

En la cuarta esfera está el Sol, como círculo de la sabiduría y la gloria del sitio, habita ni más ni menos que Santo Tomás de Aquino.

La quinta esfera, es bajo la regencia de Marte, donde habitan las almas militantes. Ve al cuerpo de Cristo en la cruz, resguardados por seres celestiales. Aquí el tatarabuelo de Dante le advirtió de su exilio de Florencia.

En la sexta esfera Jupíter, el círculo de los justos y de los buenos gobernantes. El séptimo cielo, Saturno, donde habitan los contemplativos y la caridad. Hay una gran escalera dorada. Las estrellas bajan, pero en realidad son almas que pueden escuchar y responder. Es cuando dejó de oír las alabanzas. Ahí habita San Benito. Puede subir la escalera.

En la octava esfera, las estrellas fijas, se manifiesta el triunfo de Cristo y habita la virgen María. Desde el Empireo puede ver al planeta y le recomiendan que no se preocupe por los pueblos. El cielo gira alrededor de él. Los cánticos vuelven repletos de alegría y paz. Puede llegar hasta San Pedro que le pregunta sobre la fe, si la tiene y sí la biblia está repleta de verdades. Según las respuestas se puede avanzar. Puede ver a Santiago como a San Juan.

En la novena esfera está el primer inmóvil, rodeado de nueve coros angelicales que cantan por siempre. Una de las vías de Santo Tomás para demostrar la existencia divina, es el motor inmóvil, la causa-incausada. Es un bello centro apacible, luminoso como el Sol. El alma que habita ahí es paz y la gloria. Ahí las leyes físicas no gobiernan, puede ver a Dios como a la trinidad y puede ver la forma humana de Cristo. Ahí se despide de Beatriz.

Termina el trayecto, “A la alta fantasía, aquí faltaron fuerzas…

Más que movía mi deseo y mi vuelo…

Como rueda a su vez movida

El amor que mueve al Sol y las demás estrellas”

Es regresar al origen de donde todo viene y todo va. Despertó en la vida terrenal.

Los relatos escritos en verso, ponen al cielo como centro del Universo a la tierra inmóvil. El concepto geocéntrico imperante en el medioevo. Una filosofía escolástica con la incipiente cosmología, metafísica y ontología, en donde interactúa el pensamiento pitagórico de los iniciados.  Dante se eleva al cielo impulsado por la fuerza misma que hace rodar a los objetos celestiales, acompañado por su amada Beatriz. Al entrar en su pensamiento, se hizo casi divino. El intelecto alcanza su culmen en la contemplación divina. El alma racional es el último atributo humano creado por Dios. La libre voluntad es el máximo tesoro. Apolo y las musas preceden la inspiración divina.

Atraviesa los cielos en sus nueve fases. Según Tolomeo son nueve cielos. Para Dante son nueve coros celestiales. La perfecta visión de ver a Dios. Las estrellas forjan el cortejo del Sol. Héspero va detrás. «Héspero es Fósforo» es una frase famosa en la filosofía del lenguaje (véase por ejemplo nombre propio). Gottlob Frege usó los términos ‘lucero vespertino’ (der Abendstern) y ‘lucero del alba’ (der Morgenstern) para ilustrar su distinción sobre el sentido y la referencia, y filósofos posteriores cambiaron el ejemplo a «Héspero es Fósforo» para que utilizase nombres propios.

Saul Kripke usó la frase para demostrar que el conocimiento de algo necesario (en este caso la identidad de Héspero y Fósforo) puede ser conocido empíricamente, siendo por lo tanto falso que todo lo necesario sólo puede conocerse a priori. Hermano gemelo de Heosforos o Lucifero  que va delante. y Evoca continuamente el misterio de la eucaristía, desde donde nace el sol hasta el ocaso por todo el orbe.

También evoca a la tradición angélica de Santo Tomás de Aquino: en el primer inmóvil habitan los serafines, en el cielo de las estrellas fijas los querubines, en Saturno los tronos, en Júpiter las dominaciones, en Marte las virtudes, en el Sol las potestades, en Venus los principados, en Mercurio los arcángeles y en la Luna los ángeles.

Dante pudo regresar y refrendó a la memoria como la segunda vida que la posteridad da a los grandes

Termina: “Con mis alas, tan alto no volaba, cuando repercute sentí en la mente un fulgor que su anhelo condensaba. Ya como alta fantasía fue impotente; más cual rueda que gira por sus huellas, el mío y su querer movió igualmente, el amo que al sol mueve y las estrellas”.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Dante, "il divo" y la "divina" obra...

Antonio Guerrero Aguilar/ Becario PECDA Nuevo León 2023

El medioevo, se divide en dos: el Alta y la Baja Edad Media. La primera comprende desde la caída del Imperio Romano Occidental, con el sistema filosófico y pedagógico de la patrística. Le corresponden las oleadas e invasiones de los llamados bárbaros que asediaron la “ciudad eterna”. Es la etapa del Sacro Imperio Romano Germánico, creado en el 962 por Otón I, rey de Germania. Su nombre deriva de la pretensión de sus gobernantes de ser la continuidad del Imperio de Carlomagno, el cual se desintegró en el 843 tras la firma del Tratado de Verdún.

Si Roma es sabina y latina, Florencia la precede, es etrusca. Los etruscos, llegados de Asia Menor, se asentaron en siglo IX a.C. En el año 395 a.C. fueron sometidos por Roma. La ciudad está al Piamonte del Fiesolana. Los fiesolinos fueron sacrificados por Pompeyo, por ser enemigos de la República. De la destrucción nació Florencia. La ciudad fue edificada por Marte, por eso Dante la amaba como la odiaba, a tal grado de referirse a ella como “Aborto del Demonio”.

Durante las campañas de colonización de Silla, los romanos fundaron una villa a la que llamaron “Florentia”. Se trataba de un campamento fortificado, situado en la encrucijada que formaban los caminos de la costa del Tirreno y los de los Apeninos, unidos para recorrer el alto valle del Arno hacia Roma. Permaneció fiel al imperio, hasta su caída y división en el siglo IV.

En el año 774, Florencia fue conquistada por Carlomagno pasando a formar parte del Imperio Carolingio. En 1115, se liberó aprovechando las disputas motivadas por la sucesión del poder en la región. Lograron quitarse el yugo y fueron consolidando una región para vivir del comercio y del traslado de mercancías.  No eran nobles, pero amasaron riquezas. Dividieron la ciudad en barrios en los cuales prevalecían los oficios y talleres. Tenían el tiempo libre y pudieron dedicarse a las artes liberales, como el Trívium y Quadrívium. Con el nuevo milenio, pasaron de una concepción del universo geocéntrica y teocéntrica a una heliocéntrica como antropocéntrica.



Italia está bajo la constelación de Aries. Así como Florencia le ha ganado a Roma en magnificencia, también le ha de ganar en ruina como en miseria, dijo alguna vez Dante. Una ciudad que se hizo con el comercio con Francia. El símbolo es la flor de lis, el “florín” desde 1352. Usada desde tiempos ancestrales, para designar lo divino, la trinidad, la devoción a la virgen, así como la sagrada ampolla de los Francos, con la cual llegó el Espíritu Santo con el aceite para la unción del rey. Tiene diversos colores, pero la de Florencia es violeta, debido a los campos repletos de tal flor.

La Baja Edad Media comienza con la llegada del nuevo milenio, el cual pensaban sería el fin del mundo, los tiempos escatológicos para la segunda resurrección del Señor. Ya no es la patrística apoyada en Platón. Ahora es la escolástica se fundamentó en la recuperación de los textos aristotélicos. Los florentinos abiertos a todo tipo de conocimiento, también buscaron los conocimientos ancestrales de Pitágoras como de Platón. Los que tenían el tiempo libre, requerían actividades de ocio. Para no pasar tanto tiempo en el “dolce far niente”, se dedicaron a cultivar el espíritu, a formar el “gentil hombre” que fuera capaz de dominar todos los campos del saber y del hacer. Es de suponer que tenían disponibilidad de horarios y por eso, para negar el ocio, se dedicaron al negocio.

En ese tiempo, la Italia estaba dividida en repúblicas y ducados que peleaban entre sí. Pero que también estaban enfrentadas en dos bandos: los fieles al poder pontificio y los que estaban a favor del imperio. En medio de pugnas regionales, se alió con Pisa, que le proporcionaba los barcos que necesitaba para su comercio, contra Siena cuyas bancas disputaban a los florentinos, la clientela de la Santa Sede. En 1218 entró en guerra contra Pisa por la hegemonía de la Toscana.

Su contexto histórico era el conflicto secular entre el papado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, contra el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos. Durante esta época ambas facciones representaban a los dos poderes universales.

Entre los siglos XII y XIII, los florentinos participaron activamente en las guerras entre güelfos y gibelinos, facciones que se disputaban la sucesión a la corona imperial. Los güelfos defendían el poder papal y estaban en contra de los privilegios nobiliarios y los gibelinos, apoyados por el emperador germano, se oponían al poder del pontífice. Florencia fue predominantemente güelfa. La nobleza quedó muy debilitada por estas luchas y fue expulsada del poder en 1293, abriéndose el periodo del segundo pueblo. Güelfos los blancos y los Gibelinos son los negros. Los Güelfos agarraron la flor de lis de Carlos II, de la Casa de Francia que luego adoptaron los Gibelinos. En cambio, el signo consagrado al imperio, el águila, que tomaron los gibelinos.

En esa época Florencia era la primera ciudad de Toscana, ya que Pisa había sido derrotada por Génova en 1284 y Siena empezaba a declinar. Los negocios eran familiares y poseían sucursales en toda la Europa occidental. Las compañías más antiguas seguían enfrascadas en la disputa entre blancos y negros. Estos conflictos políticos no impidieron que la ciudad se convirtiera en una de las ciudades más poderosas y prósperas de Europa, hacia la que se dirigió su comercio, al contrario que Venecia que se expandió por el Mediterráneo. Etapa preponderante con los Médicis.



La rivalidad entre el imperio y el papado convulsionó la vida italiana por espacio de dos siglos: los partidarios del emperador – los gibelinos – se aferraban a las tradiciones de la aristocracia feudal; los güelfos, apoyados por el Vaticano, representaban los intereses de la naciente burguesía comercial. Esta lucha alcanzó su punto álgido en Florencia, donde un artesanado emprendedor e inteligente echaba las bases de la sociedad moderna. El triunfo de los güelfos fue allí rotundo, determinando el establecimiento de una república dominada por la oligarquía mercantil.

Desde 1326 las nuevas compañías se dedicaron al comercio, a la industria y a la actividad económica más importante, la banca. Los florentinos organizaron el préstamo a gran escala, prestaban a los soberanos de Europa a cambio del arrendamiento de los impuestos. La crisis económica del siglo XIV y la Guerra de los Cien Años llevaron a la ruina a estas compañías, aunque volvieron a surgir otras nuevas, también de base familiar, que actuaron de manera más prudente.

En 1406 Florencia conquistó Pisa y se convirtió en potencia marítima. La mayoría de los ricos comerciantes, para asegurar la salvación de su alma, dedicaban parte de sus ganancias a edificar capillas e incluso iglesias. Transformaron sus casas y granjas en verdaderos palacios.

¿Por qué detonó el crecimiento de la riqueza en el año 1500 y no antes ni después? Comenzaba en Italia el Renacimiento. Los Médicis, los opulentos banqueros de Florencia. El entorno habitual de este comerciante era la más alta burguesía de las ciudades. Se dieron cuenta de que hacerse rico en forma individual, era válido y legítimo. Antes, nadie podía serlo en forma privada. Si alguien lo intentaba, la religión o el estado lo destruían.

Es la transición del medioevo a la era moderna. Entre ambas, está el Renacimiento que comprende “il quattrocento” y el “cinquecento”. Para muchos, el precursor de la lengua italiana es Dante. Aunque unos dirán que fue el canto de Francesco, “Hermano Sol, hermana Luna” de 1225. La lengua italiana es “romance”, procede del latín que se hablaba en el imperio y prevaleció entre las clases cultas y preponderantes.

El hecho de ser aún el epicentro del otrora gran imperio, hizo que llegaran invasiones de distintos rumbos, como la asistencia de bizantinos y eclesiásticos. De las escuelas palatinas a los “studium generale”, convertidos en universidades, siendo la de Bolonia la más antigua de todas las existentes. Ante las modas imperantes, no se olvida la tradición clásica y ante los avances, se mantenía aún el vínculo con el pasado, quedando un sistema neoclásico, que tenía en las siete artes liberales y en las humanidades, la manera de recuperar el pasado, actualizado y como una forma de relacionarse con otras culturas.

El latín no desapareció en Italia. El uso de las lenguas locales en la literatura italiana fue inicialmente escaso, y estuvo precedido por dos periodos de literatura italiana en lenguajes extranjeros, sobre todo franceses. Hubo muchos italianos que escribieron en provenzal. Al mismo tiempo, la poesía épica se escribía en un lenguaje mezclado, un dialecto italiano basado en el francés.

La literatura toscana

En los tiempos de Dante, la Toscana estaba en una situación excepcional. El dialecto toscano que por entonces se hablaba se asemejaba mucho al latín, y de hecho este dialecto se convertiría posteriormente en el lenguaje casi exclusivo de la literatura italiana, pues ya a finales de ese siglo se le consideraba superior al resto de los dialectos: “Lingua Tusca magis apta est ad literam sive literaturam (La lengua toscana es la mejor para la carta o la literatura), escribió Antonio da Tempo. En 1266, se convirtió en la primera provincia de Italia. Comenzó un movimiento de reforma política que en 1282 culminó en el establecimiento del Priorato de las Artes, y el establecimiento de las Artes Menores. Esto fue posteriormente copiado por Siena (con la Magistratura de los Nueve), por Lucca, por Pistoia y otras ciudades güelfas de la Toscana con similares instituciones populares. Los gremios tomaron el control del gobierno en sus manos, dando lugar a una época de prosperidad social y política.

Dante Alighieri

Bautizado como Durante di Alighiero degli Alighieri, Dante nació en Florencia el 26 de mayo de 1265 y fue un hombre de su época: la Edad Media. Soñaba con ser parte del mundo de la nobleza y se introdujo por los oscuros pasillos de la política donde los ideales y valores se dividían entre odios facciosos y la corrupción partidista, mientras la Iglesia Romana peleaba contra los poderes terrenales de reyes o emperadores.

Dante se convirtió en caballero y luego en prior, luchando por su patria Florencia, de la cual se vio obligado a abandonar tras ser enjuiciado políticamente. El dolor de la partida fue tremendo. En su exilio descubrió la increíble versatilidad humana y geográfica de la Italia del siglo XIV, para escribir en Rávena su “Comedia” (denominada a su muerte en Rávena “Divina”), si bien durante todo este periplo jamás olvidó a Florencia.

 En su trayecto al Paraíso, vio al alma de un ancestro llamado Cachigüida, pero no quiso hablar con él. Casado con una dama de los Alighieri de Ferrara. Por eso el hijo se llama Alighieri, de cuya unión nació Belinchón Alighieri II, padre de Dante.

Como se advierte, pertenece a la Toscana por nacimiento, humanismo, tradición y por lingüística. Su pureza es la nota más esencial de su personalidad, la llave de oro con la que abre, ante la mirada atónita del mundo, las grandes puertas itálicas del Renacimiento, para dar paso a una luz nueva y esplendorosa a los personajes de su tiempo, a quienes por cierto antecede.

¿Qué estudió? Como los niños de su tiempo, pertenecientes a la nobleza claro está, nociones de latín y el trívium. Luego las artes mayores para acceder a la antigüedad clásica. La formación se hacía en universidades como en academias y Florencia llegó a tener la mejor de su periodo. Uno debía transitar entre las artes y la jurisprudencia, la política como la filosofía y la teología. Pero concedió el primado a las humanidades, que a los estudios profesionales de la época.

Poeta de poetas a decir de Bartolomé Mitre. Inspirador de sabios y pensadores y de la conciencia humana. Para Humboldt es el creador sublime de un mundo nuevo, porque se convirtió en un puente entre la Europa de la Edad Media y del Renacimiento ya que el enfoque del arte y del pensamiento cambió de los asuntos religiosos a aquellos de la humanidad. Activo en política en Florencia, al final Dante fue enviado al exilio en 1302 por sus opiniones contra lo que él veía como un abuso de poder y corrupción por parte de los pontífices. Dante tenía «tres dones que le impedían seguir la carrera del político práctico: un temperamento poco acomodadizo, una lengua feroz y una superfluidad de intelecto escandalosa».



En 1309, Roma lo desilusionó aún más con el exilio impuesto del papa a Aviñón. Dante empezó a apoyar las ambiciones del emperador del Sacro Imperio Romano, aunque su lealtad política cambiaba a su vez dependiendo de las circunstancias. Dante alimentó las esperanzas de que el Sacro Imperio Romano pudiera restaurar el orden cristiano en Europa. En esto se equivocó irremediablemente, pero por lo menos sí predijo correctamente que las rencillas entre las diferentes ciudades‑Estado italianas solo conducirían a la caída de todas.

Dante se comenzó a mover en donde pudo y hubo lugar: Roma, Florencia, Verona y luego circuló entre el centro y el norte de Italia. Entretanto, la esposa de Dante, Gemma Donati, junto con sus cuatro hijos (tres varones y una niña) se quedaron en Florencia. Fue durante este exilio errante que escribió su obra maestra, la Divina Comedia. Dante nunca más regresó a casa y murió de malaria en Rávena el 13 de septiembre de 1321.

Dante Alighieri, insigne poeta y padre del idioma italiano, murió entre el 13 y el 14 de septiembre de 1321 en Rávena, Italia. Como lo habían desterrado y le tenían prohibido entrar a Florencia, fue sepultado en la iglesia de San Francisco, en Rávena, entre solemnes homenajes. Su epitafio, escrito por él mismo: "Aquí yazgo yo, Dante Alighieri, hijo de Florencia, exiliado de mi tierra, patria de poco amor".

Dante el divino

Los escritos denotan conocimiento de la teología como de la filosofía, de la moral como de la ética, de la política como de las artes liberales, además de eterno enamorado de Beatriz. La obra narra la historia de cómo el propio poeta recorre los reinos del infierno, purgatorio y paraíso, y de lo que allí encuentra. Es guiado por todos estos senderos por Virgilio y Beatriz, y por mil ángeles y así por la historia sin tiempo. Es una obra de difícil comprensión, que encierra complejas cosmogonías y que los constantes acertijos (a la moda de la época) hacen más -aún- difícil su comprensión. Las páginas están pobladas de voluntades y realidades, de sueños, metáforas y mil figuras (retóricas, ficticias, botánicas e imaginativas siempre).

Constituye la síntesis más imperfecta y «fiable» de conocimientos enciclopédicos de la época. El texto plasma la astronomía tolemaica y representa el «objeto de ficción filosófico» más representativo de toda una época. Es una etapa en donde prácticamente, la totalidad de las creaciones literarias eran consagradas a temas teológicos.

Hace poco más de siete siglos, escribió un poema épico, que se llamó Comedia, por su final feliz, opuesto a la tragedia y que luego se llamó Divina comedia por centrarse en valores cristianos, donde se destaca la presencia en la obra del infierno, el purgatorio y el paraíso…

Dante está perdido en la selva, asediado por animales simbólicos: un leopardo, un león y una loba, buscando a su amada Beatriz quien se encuentra en el paraíso. Para eso, deberá pasar primero por el infierno y el purgatorio. Conocer luego el firmamento y atestiguar la victoria de los santos y la gloria del Altísimo. Iluminado y convertido por la revelación, el poeta finalmente regresa a la Tierra y decide dar testimonio de su viaje en un poema para advertencia y consejo de la humanidad. La frase lapidaria más conocida de esta obra es la que escribe a la entrada del infierno: “quien cruce esta puerta, que pierda toda esperanza”…

La obra está escrita en lengua vulgar, en contraposición con el alto estilo que los más reverenciados (y ahora olvidados) poetas de la época solían emplear -latín-. Nos proporciona una compleja visión política. Es famosa la fijación Dante por el partido güelfo (le venía de familia). Las páginas de La Commedia ahondan en explicaciones políticas, y se puede escuchar un eco desesperanzado del poeta (recordemos como su bisabuelo Cacciaguida, ya en El Paraíso, profetiza su destierro y su desengaño para con ambos partidos, para con el hombre en general, convirtiéndole entonces en un espíritu libre, ya muy lejos de su tiempo, eterno).

Poco después de su muerte, ya existen los llamados Lecturae Dantis, centros en los que se leía la obra y se explicaba de manera alegórica, lingüística y demás. Dante se había convertido, en relativamente poco tiempo, en un modelo lingüístico y el referente de toda obra no escrita el latín.

Sus obras

La Vita Nouva (La Vida Nueva). Una obra extraña, en muchas ocasiones empleada como bastón histórico para aclarar algunos de los enigmas sobre la vida del poeta (sobre todo por las corrientes historicistas decimonónicas). Compuesta en prosa y verso, narra el precoz amor que Dante siente por la que por aquel entonces ya convirtió en su musa: Beatriz, una joven que conoce a los nueve años y que apenas ve un par de veces. Sin embargo, ello no es obstáculo para que se encumbre la figura de la bella mujer.

Convivio (El Convite) se comienza a escribir en 1304 y se deja sin terminar aproximadamente en 1308. Escrita, también, en lengua vulgar, la obra pretende ser un acercamiento popular a materias a las que por aquel entonces sólo tenían acceso los eruditos (escritas en latín). Con el título, siempre representativo y explicativo en las obras del autor, nos invita a compartir con él su visión literaria, histórica, filosófica, lingüística y política. De los cuatro tratados (en principio la obra iba a constar de un total de doce) que Dante escribió, el más reseñable es sin duda aquel que habla de los cuatro sentidos de la obra de ficción: Literal, alegórico, moral y anagógico.

Otras obras de Dante son De Vulgari Eloquentia (la lengua vulgar, curiosamente escrito en latín erudito), Monarchia (La Monarquía, escrita también en latín, en la que hace una crítica a las luchas, tan en boga en aquella época, entre el poder terrenal y el espiritual). No nos referimos aquí a otras cuya autoría ha sido (por algunos) puesta en entredicho. (primera parte)

lunes, 26 de abril de 2021

La Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística y yo

 Antonio Guerrero Aguilar/



En junio de 1983, el padre Aureliano Tapia Méndez me invitó a una sesión de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, A.C., en el local que tenían en la escuela Serafín Peña a espaldas del templo de la Purísima. Acudí unas tres o cuatro reuniones en ese verano, pero en forma definitiva desde agosto de 1984.  Me presentaba a las juntas que se realizaban cada primer y tercer martes de cada mes a las 8 de la noche.

Quedaba asombrado por la membresía. Personas con nombres y títulos que solo se podían ver en libros, artículos, cursos y foros que se habían publicado y ofrecido en muchas instancias. El ejemplo arrastra. Nadie me invitó a ingresar, pero el anhelo y aspiración de formar parte del organismo, me hizo hacer la solicitud. Creo que pedí el ingreso unas tres ocasiones, y me lo negaron; hasta que por fin el comité de admisión de socios me programó para la ceremonia de ingreso el 17 de noviembre de 1987. Fue cuando salió el interés de escribir la monografía histórica de Santa Catarina, que salió publicada en ese año.

Fue un proceso complicado como difícil. Batallé por la edad, porque cursaba estudios en una casa de formación eclesial, porque no contaba con la solidez económica y moral de muchos de quienes ya formaban parte. Y tan solo para ilustrar, a lo mejor hubo mala intención, pero el día del ingreso cambiaron la sede de la reunión, del local situado en Ruperto Martínez y Zaragoza, al auditorio Eugenio del Hoyo del Archivo General del Estado.

Me presenté a la reunión, vi todo cerrado y un guardia me dijo que se había cancelado. De regreso a Santa Catarina, pasé por el AGENL y vi movimiento, por lo que me animé a pasar. Ahí estaban los honorables miembros a los que ayudé a cambiar bibliotecas de un lugar a otro y la de llevar libros de las oficinas del Centro de Información de Historia Regional de la UANL hasta la Hacienda San Pedro en General Zuazua. También, rescaté la biblioteca que se llevó a la Universidad de Monterrey, gracias al apoyo de Vicente Sáenz Cirlos y Rolando San Miguel.

Una ocasión, me llamaron de una oficina del gobierno del Estado, que deberíamos sacar todo el acervo, debido a que la renta se había cancelado. Entonces Javier Escamilla y yo, hablamos con la gente de la UDEM y se hizo el traslado. Ahora solo reconocen a dos personas que ni siquiera estuvieron ahí.

Siempre tuve el respaldo de compañeros como Javier Escamilla, William Breen Murray, don Felipe García Campuzano, Renato Cantú, Antonio Rodríguez y Gabriel Cárdenas Coronado y la animadversión de otros, que nomás no atinaban a que el aspirante a socio y a cronista de Santa Catarina, estuviera entre ellos.

De 1987 a 2019 fui miembro, de la cual pude ser secretario en 1995 y 2010 al 2011. Además, presidí en dos ocasiones la asamblea, porque el presidente en turno no acudió. De igual forma, en innumerables ocasiones la representé en conferencias, congresos y medios de comunicación. Me ostentaba como socio de la misma. 

En el 2011 quedé sin trabajo y las cuotas fueron cubiertas por un servidor, luego José Reséndiz Balderas, José Guerrero Reséndiz y Sergio Reséndiz Boone.  Dejé de acudir a las ceremonias en 2018, debido a que conseguí trabajo los sábados en el Colegio Excélsior. Pero según yo, estaba todo en orden y todo al corriente. De pronto, muchos de los que ingresaron entre el 2011 y 2014, quedaron como presidentes de las mesas directivas.

Fue cuando una persona agremiada, advirtió ante el pleno que muchos se ostentaban como miembros sin asistir. La presidente reformó los estatutos con apoyo de la membresía y acordaron que quienes no iban y no pagaban, quedarían fuera. Yo vi una ocasión a una directiva en la UANL y casi me amenazó de que iba a quedar fuera si no asistía. Ahí reconozco la gentileza del abogado César Lucio Coronado, que les dijo que fueran más benevolentes con un servidor, debido a los trabajos y actividades que hago. Propuso que no pagara cuotas a cambio de otro tipo de compensación. También agradezco la gentileza en su momento de Bonney Collins Treviño y Juan Antonio Vázquez Juárez.

No pensé que fueran tan estrictos y como dice un ex presidente que siempre se ajusta a los estatutos, los aplicaron tal cual. En marzo de 2019 acudí a una junta en Allende, Nuevo León. Quise firmar el libro de asistencia y el secretario me hace saber que ya no soy miembro. Discutimos un poco y preferí cortar por lo sano. Tiempo después, vuelvo a ver a un ex presidente y me grita: “¡Usted se salió porque no pagaba las cuotas!, pregúntele al tesorero, al que Usted metió y conoce”. Lo interesante es que en esa misma reunión, me di cuenta que tampoco formaba parte de la asociación de cronistas.

Siempre tuve roces sin buscarlos con ex presidentes. El que se ostentaba como cronista de la tierra del Piporro o también de otro que me gritó porque “yo no me prestaba”, así literalmente. Nunca supe a qué se refería. O cuando hacían las comisiones, quedaban los mismos y las más importantes, en manos de ilustres historiadores que nunca se presentaban a las reuniones. Pero eso sí, pagaban las cuotas. O de personajes insignes que llegaron a ser presidentes antes que yo. Quiero suponer que los asociados nunca pensaron que podía dirigirla. Por eso cuando fui presidente de la asociación estatal de cronistas, me puse a trabajar duro y en serio para demostrarles. Pero no lo logré.

La presidente Alma Elisa Reyes de Rizzo como Ángeles Valdés, se mostraron amables y conciliadoras. Podía regresar siempre y cuando volviera a pedir solicitud y la revisara, el mismo que hace 30 años me negaba el ingreso. O pagara las cuotas correspondientes a esos años y quedarían cubiertas gracias a los aportes de los benefactores.  

Ya no quise moverle, no tiene caso estar en donde no quieren a los que sí trabajan y se esfuerzan.  El año pasado (2020) para las elecciones, revisaron el status de cada uno y José Roberto Mendirichaga y Clemente Rendón de la Garza, pidieron que mi situación fuera reconsiderada. Otra vez, aplicaron los estatus con todo rigor.

Revisando la vanidoteca encontré este diploma. Me hace miembro de una sociedad ya inexistente, pero en la original si estuve, de la cual aún me enorgullezco en decir que soy miembro activo, tras recibir la medalla al mérito histórico Capitán Alonso de León en 2011. De acuerdo a los estatutos de la medalla, señalan que uno es miembro vitalicio siempre y cuando regale libros publicados. Pero eso no les importó. Ah, la gané en el 2010 pero me la quitaron porque no me "tocaba".

Los grandes historiadores como Eugenio del Hoyo, Isidro Vizcaya Canales, Israel Cavazos, Ricardo Elizondo, Raúl Rangel Frías, Tomás, Xavier y Rodrigo Mendirichaga, y otros más no formaron parte o se salieron en algún momento. Espero llegarle a los talones a ellos que no necesitaron guajes para nadar.

Yo soy miembro de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, de la original fundada en 1943; no de la numerológica que formaron, cuando hicieron socios de número, cuando se supone esto se debe dar cuando hay un sillón, un sitial en un local que ni siquiera tienen.


sábado, 27 de febrero de 2021

Los hijos de la Patria: el glorioso ejército mexicano

Antonio Guerrero Aguilar/



Por mucho tiempo, relacioné al mes de febrero con la sentencia popular de “febrero loco y marzo otro poco”, con la cual se mantenía una previsión respecto al clima que se presentan en ambos meses. Hoy en día, no deja de ser el mes del amor y la amistad. Pero viéndolo bien, tiene más aniversarios que septiembre, para ser considerado el mes patrio por excelencia. A lo largo de sus 28 días (o 29 si es año bisiesto), conmemoramos a la Constitución, la “Marcha de la Lealtad”, la “Decena Trágica”, al ejército como a la bandera.

De la constitución, San Valentín y la bandera se ha escrito mucho. Pero se nos olvida a los hijos de la patria, el glorioso ejército mexicano. Durante la “Decena Trágica”, ocurrida en marzo de 1913, el presidente Francisco I. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez se hallaban en el castillo de Chapultepec. Ante el temor de un golpe de estado, debieron salir para trasladarse hasta el Palacio Nacional. Para proteger a la investidura presidencial, fueron escoltados por cadetes del Heroico Colegio Militar, quienes les dieron la seguridad que necesitaban en el trayecto por el Paseo de la Reforma hacia el Zócalo.

Los jóvenes militares obedecieron a la orden del comandante supremo de las fuerzas armadas de México, permaneciendo leales en todo momento y poniendo en alto el honor de un plantel con tanta historia y tradición. A partir de ahí, cada 9 de febrero se conmemora un aniversario más de la lealtad que se hizo patente, aún en momentos difíciles por los que atravesaba el país, cuando el ejército institucional fue ejemplo de disciplina y respeto hacia uno de los tres poderes constituyentes de la nación. Lamentablemente en aquella ocasión, las fuerzas armadas estaban divididas: unas siguieron a los golpistas amparados por el Pacto de la Embajada y otros, mostraron su aprecio por el poder ejecutivo.

A decir verdad, México no tiene una vocación guerrera que se demuestra en invasiones y declaratorias bélicas hacia otros países. Sin embargo, el historiador Lorenzo Meyer, la política militar está en el corazón mismo del sangriento y penoso nacimiento del México mestizo, subordinado a los reyes procedentes de la casa de los Habsburgos y luego de los Borbones.



Como se advierte, las fuerzas armadas siempre han estado presentes en nuestra historia. Los antiguos pueblos mesoamericanos mantenían ejércitos para defensa de sus territorios como para la conquista de otros señoríos. Son famosas las guerras floridas, con las cuales los mexicas atacaban a otros pueblos circunvecinos, y hacerse de prisioneros para luego ofrendarlos como víctimas a sus dioses. A la llegada de los pobladores ibéricos, esos pueblos fueron prácticamente aniquilados con las armas que ellos trajeron.  Por cierto, se habla de dos conquistas, una militar y otra de índole religiosa. Una se justificó a partir de los procesos de expansión de los territorios en beneficio de la corona de España, mientras la otra se hizo para integrarlos a la fe cristiana.

El gobierno virreinal no solo era de corte administrativo, sino también militar. La colonización, la pacificación, las expediciones de reconocimiento del territorio al igual que la de conquista se apoyaron efectivamente en las armas. En casi 300 años, no se tuvo propiamente un ejército institucionalizado, excepto por aquellos que cuidaban el orden y protegían a las autoridades como los caminos que llevaban a las principales ciudades y puertos.  En cada pueblo o villa, los vecinos practicaban un oficio para sostenerse y por obligación debían tener armas y caballos disponibles para cuando se hiciera falta. De ahí que cada 25 de julio y 25 de noviembre, se hicieran las famosas revistas de armas, en las cuales presentaban sus equipos de defensa ante el teniente de gobernador o alguna autoridad.  

Con las Reformas Borbónicas aplicadas en el último tercio del siglo XVIII, se organizó un ejército para la defensa de la integridad de la Nueva España, así como también se crearon las compañías de soldados presidiales, para defender la integridad y la seguridad de los dilatados puntos del septentrión novohispano. No eran fuerzas considerables por la cantidad de sus miembros, pero bien armados, preparados en la táctica y disciplina militar. En consecuencia, pronto sofocaron a los brotes rebeldes comandados por militares, sacerdotes y abogados que acaudillaron las líneas de ataque, apoyados por la muchedumbre armada con piedras, palos o lo que tenían a su alcance.

En este periodo sobresalen por su pericia y don de mando, Félix María Calleja, Joaquín de Arredondo y Agustín de Iturbide, quien precisamente para dar fin a la lucha insurgente, se apoyó en ellos. Además, tuvo la inteligencia para manejar los miedos y prejuicios que se tenían tanto españoles y criollos y el resto de las castas, para proclamar la independencia de México y luego ser investido como emperador de México.



El ejército que se formó en el llamado México independiente, cuyo periodo va de 1821 a 1856, cuidó a una clase política que lo mismo gobernó, conspiró, peleó, puso y quitó gobiernos. Primero fue un ejército imperial convertido en republicano, fluctuante entre las distintas facciones de la masonería imperante y del cual Antonio López de Santa Anna quedó como cabeza visible de un bando que afrontó problemas contra España, Francia, Texas y los Estados Unidos. En esa etapa, los mismos ciudadanos, temían más del ejército que de las tropas que nos invadieron.

Ante los cambios de gobierno que se presentaban más o menos cada año, de pronto se vieron entre la espada y la pared, padeciendo de los vaivenes justificados en cada proyecto de nación. No contaban con un buen presupuesto, pero en cualquier oportunidad, el presidente en turno se apropiaba de sus recursos, con los cuales impidió el desarrollo y el crecimiento de los mismos.

Durante la primera mitad del siglo XIX, nuestro suelo fue testigo de una incesante guerra civil entre dos facciones. Para contrarrestar la influencia militar de Santa Anna, surgieron bandas de guerrilleros, que a la larga posicionaron a los liberales en el poder. Estos no eran militares de carrera, eran más bien gente de pueblo guiados por abogados y hasta intelectuales de corte liberal que se apoyaron del ejército para reñir entre sí. Tras la victoria del Plan de Ayutla, el improvisado ejército, logró consolidarse para bien, de tal modo que llevaron y mantuvieron el poder con Juan Álvarez, Comonfort y Benito Juárez, apoyado por el ejército republicano y en la obediencia y lealtad de prohombres y caudillos regionales, que defendieron al régimen aun a costa de su vida, durante la Guerra de la Reforma o de los Tres Años, la Intervención francesa y el Imperio de Maximiliano, así como apuntalar a la República Restaurada. Ese ejército fue quien hizo fuerte a Lerdo de Tejada, Manuel González y a Porfirio Díaz, quien dispuso la formación y el entrenamiento militar necesario para fortalecer a la gran nación que estaba surgiendo a la modernidad.

Con la Revolución Mexicana surgió un ejército, compuesto por militares que no tenían carrera ni formación militar. Eran campesinos y civiles que se metieron a la bola y en ella comenzaron a escalar puestos. Ya con la institucionalización se ganaron uniformes y condecoraciones, que validaban su experiencia en movimientos generados a partir de los planes de Guadalupe, de Agua Prieta y de las rebeliones cristeras, escobarista y delahuertista entre otras más.



Con la intención de asegurar el control político como militar de la nación, el ejército fue integrado como sector militar en la fundación del Partido Nacional Revolucionario y luego llamado de la Revolución Mexicana. Para evitar levantamientos y procurar su servicio a la patria, en 1940 el sector desapareció dentro de la estructura orgánica del partido. Desde entonces validó y protegió al poder ejecutivo, a cuyo titular considera como jefe supremo de las fuerzas armadas y aplicó la fuerza para someter movimientos contrarios al régimen como el henriquismo, almazanismo y los movimientos del 68 y 71, el movimiento zapatista y ahora de la lucha contra el narco.

El ejército mexicano tiene un día especial dedicado a ellos. El 19 de febrero de 1913 el entonces gobernador constitucional del estado libre y soberano de Coahuila de Zaragoza, don Venustiano Carranza; desconoció a Victoriano Huerta como jefe del poder ejecutivo de la República. Ya con la Constitución de 1917, se concedieron facultades extraordinarias al señor presidente, para “armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional de la República". La revolución constitucionalista triunfó y en ella vemos el origen de las fuerzas constitucionalistas y de nuestro glorioso ejército nacional.

Por ello, ¡honor y respeto a nuestro glorioso Ejército Nacional Mexicano! 

sábado, 20 de febrero de 2021

Juárez y la consolidación de la segunda transformación

Antonio Guerrero Aguilar/

Hoy en día el proyecto de nación, se justifica en la llamada cuarta transformación. Cada mañana, el señor presidente, fiel a la tradición prehispánica de gobernar a través de la palabra, como buen tlatoani y representante terrenal del dios Huitzilopochtli, se nos presenta en medio de símbolos. Un escenario en el cual sobresale como telón de fondo algunos elementos que conviene analizar. Primero, se ven cinco figuras de personajes emblemáticos de la memoria e identidad mexicana. Si algo sabe y está seguro, es que gobierna de cara a la historia.

 

A veces en fondo verde olivo y en otros color rojo, enmarcado por el plumaje que nos recuerda al águila posada sobre el nopal que vieron los mexicas, como símbolo esperado para la fundación del gran imperio. Luego los héroes en este orden: Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas. Están sobre un elemento que nos indica camino a seguir como una pirámide. De todos ellos, en medio, está el Patricio republicano portando un estandarte con el lábaro patrio. Luego la bandera, la tribuna, el escudo, las sillas dispuestas para informar y dirigirse a los medios de comunicación ahí presentes.

 


El mandatario habla de la cuarta transformación, que en un proceso lineal hemos vivido a lo largo de poco más de dos siglos: la etapa insurgente y la independencia, la Reforma y la República Restaurada, la Revolución y la cristalización de los postulados que Madero propuso y se supone, alcanzó don Lázaro a su llegada a la presidencia en 1934. Entonces López Obrador, se manifiesta como principio y fin, consolidar una cuarta transformación en la vida de México.

 

Entiendo que López Obrador tiene especial predilección por Juárez. Ambos del sur, de dos entidades situadas en el Istmo de Tehuantepec. Estoy seguro que los festejos continuarán en el 2022. Les voy a decir por qué. El próximo año se van a cumplir 150 de la desaparición física del ilustre abogado. El político liberal que cumpliera con el mandato constitucional como jefe del poder ejecutivo, literalmente hablando hasta las últimas consecuencias: desde fines de 1857 hasta su muerte ocurrida el 18 de julio de 1872. Benito Pablo Juárez García, venía de raza zapoteca pura, originario de una pequeña aldea de San Pablo, Guelatao, hijo de Marcelino Juárez y Brígida García. Ambos murieron cuando el pequeño Benito contaba con tan solo tres años de edad y el Benemérito alguna vez confesó que no los conoció y que no recordaba nada de ellos.

 

Como es sabido, su tío Bernardino Juárez protegió a la familia del desamparo, sin saber qué entre uno de sus miembros, se hallaba el futuro presidente de la república. En su niñez fue pastor, oficio que abandonó a los 12 años para trasladarse a la ciudad de Oaxaca. Por una hermana, quedó como mozo de una familia influyente de apellido de la Maza. El comerciante de origen italiano llamado Antonio de la Maza, le confió el cuidado de la granja de la casa, mientras conseguía un mejor sitio en donde vivir.

 

Inquieto como vivaz, a los pocos días conoció a Antonio Salanueva, un hombre bueno dedicado a encuadernar libros quien lo recibió como aprendiz, mientras estudiaba en la escuela. En tres años avanzó considerablemente. A los 15 años estaba como alumno externo en el Seminario de Oaxaca. Con 21 años cumplidos, en 1827 se inscribió en el recién Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, de donde egresó como abogado en 1834 y ejerció la docencia en el mismo instituto. Cuentan que una vez estuvo como mesero en un banquete que le hicieron a don Antonio López de Santa Anna.

 


No cualquiera, se casó con una joven de la familia a la que sirvió, aún sin saber castellano y seguramente, a vestir a la usanza de los indígenas de su tiempo. Contrajo matrimonio el 31 de julio de 1843 a la edad de 37 años con Margarita Maza. Ya tenía título y pudo emparentar con una de las familias los más respetables de Oaxaca. Van a decir que doña Margarita era hija expósita. Como dicen: “no le aunque”, tenía el apellido y el apoyo necesario. Por eso la gente de bien de la vieja Antequera, recibió el enlace con la misma sencillez que Margarita Maza pintó a su pretendiente: “es muy feo pero muy bueno”. Este matrimonio tuvo por hijos a Manuela, Margarita, Felicitas, Soledad, Benito, María de Jesús, María Josefa que sobrevivieron a sus padres. Además, José y Antonio que murieron en los Estados Unidos, y Amada, Francisca y Guadalupe que murieron pequeñas.

 

Al acabar la era de la “Alteza Serenísima” en 1854 con el Plan de Ayutla, llegó el periodo de Juárez que comprende desde la Reforma, la guerra de los tres años, la intervención, la pugna entre liberales y conservadores, la república restaurada, su posición respecto a la separación de los asuntos civiles de los concernientes con la Iglesia, con los Estados Unidos y con Francia. Fue el principal actor entre 1856 y 1872.

 


De maestro y leguleyo, Juárez se convirtió en gobernador de Oaxaca. Entonces recibió el llamado del presidente Comonfort para ocupar la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; por lo que solicitó licencia a la legislatura local para dejar el cargo, la cual se le concedió de inmediato. La solicitó como una ausencia temporal, sin sospechar que no volvería para terminar su periodo de gobernador, ni siquiera volvería a pisar suelo oaxaqueño en el resto de su vida.

 

El presidente de los Estados Unidos, James Buchanan, lo describió como: “un hombre de aproximadamente de cuarenta y cinco años, indio de raza pura sangre, bien versado en las leyes del país, prudente jurisconsulto aunque tímido y desconfiado como político, austero e incorruptible, de condición benigna y suave, y en su trato modesto como un niño. Tiene voz en el gabinete, y se le escucha con respeto, pero carece de influencia sobre sus ministros bajo cuyo más absoluto control se halla, posiblemente sin darse cuenta”.

 

En los 14 años que ocupó la presidencia (1858-1872), con penurias y adversidades, sorteó y salió avante de todos los problemas, tanto internos como externos. Lo mismo aguantó destierros, amenazas francas y veladas, estuvo a punto de morir en varias ocasiones. Gracias a las milicias cívicas, la guerra de guerrillas y los mejores militares, pudo vencer a los ejércitos de la intervención.

 

Cuando decidieron la suerte de Maximiliano, la princesa Inés de Salm Salm pidió una audiencia con Juárez para evitar la ejecución del emperador. Juárez después de escucharla sentenció: “me causa verdadero dolor, señora, al verla así de rodillas más aunque todos los reyes y todas las reinas estuviesen en su lugar, no podría perdonarle la vida, no soy yo quien se la quita, es el Pueblo y la Ley quien piden su muerte, si yo no hiciese la voluntad del Pueblo, entonces este le quitaría la vida a él y aun pediría la mía también”.

 


Ya en Palacio Nacional, prohibió las loterías por considerarlas juegos inmorales y perjudiciales para la sociedad; porque consumen las economías del fruto del trabajo de las clases más necesitas y menesterosas, y porque con el incentivo de un lucro grande, aunque improbable, debilitan el estímulo del trabajo, que es la primera base del bien social.

 

Muchos se preguntan cómo pudo un hombre sostener la estabilidad de la nación. Lo consiguió en la observancia de la ley del Benemérito. Ante todo, y para todo; la ley. A los enemigos “sólo basta con la justicia” y al apoyo que tuvo de los hombres fuertes en cada región. Pudo enfrentar los problemas, gracias al apoyo de los Estados Unidos y de los caciques y caudillos regionales que vieron en él, la encarnación de los máximos valores republicanos. Anteriormente logró deshacerse del general González Ortega que aspiraba a la presidencia.

Pero tras la derrota del Imperio, no quedó el mérito para el solo. En los años siguientes de 1867, Juárez debió soportar la fama y las intenciones de Porfirio Díaz para acceder al poder. Cuentan que de 1867 a 1872 gobernó como si fuera un dictador. Previniendo la derrota de Lerdo de Tejada contra el general Porfirio Díaz en las elecciones presidenciales de 1871, Juárez logró su última reelección. No le gustaba la idea de que los militares que lo apoyaron, se hicieran del poder. Debía mantener el civilismo ante todas las cosas, representado buenos ciudadanos, entre los que se hallaban muchos abogados, literatos, funcionarios y hombres dedicados al servicio público.

 

Al joven Porfirio no le cuadró la forma en que ganó y el estilo de gobernar. Es entonces cuando tiene lugar el levantamiento de un grupo de oficiales simpatizantes de Díaz, conocido como el Plan de la Noria quien proclamó y enarboló esta frase: “Sufragio efectivo, no a la reelección indefinida”. Si creen en el karma, a don Porfirio le llegó en 1910, en los anhelos de un hombre que era guiado por el espíritu de Benito Juárez, que le hablaba a través de una bola de cristal y de sueños. Era don Pancho Madero, nieto del hombre que consolidó un gran capital, gracias al influjo y apoyo de las políticas económicas del porfiriato: poca política, mucha administración.

Me dedico a contar narraciones e historias en donde me piden y me invitan.

Santa Catarina, Nuevo León, Mexico