domingo, 26 de febrero de 2017

Cuando Coahuila fue anexada a Nuevo León y recuperó su soberanía

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Libertad y soberanía nunca fueron términos abstractos para la gente de Coahuila. Una región en la cual convergen los antiguos reinos de la Nueva Extremadura, Nueva Vizcaya, la Nueva Galicia y el Nuevo Reino de León. Durante los Habsburgos la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León reclamaron su territorio y debió entrar la Real Audiencia y la Diócesis de Guadalajara para promover la colonización de un territorio tan vasto. En 1787 toda la porción noreste de la Nueva Vizcaya la cual abarcaba Saltillo, Parras y la Laguna se integraron a la Nueva Extremadura o Provincia de San Francisco de Coahuila cuya capital estaba en Monclova. Después de las reformas borbónicas, se formó una intendencia cuya capital estaba en San Luis Potosí.

En 1824 los cuatro estados del Noreste debieron formar el Estado Interno de Oriente, pero las aspiraciones de Tamaulipas como la rivalidad entre Saltillo y Monterrey por ser la capital mandaron al traste el proyecto. Quedaron unidas Coahuila y Texas en una sola entidad, hasta que Texas se separó para convertirse en República en 1836. Fue cuando Saltillo reclamó en 1839, el derecho de ser capital en lugar de Monclova. La soberanía y libertad de Coahuila estuvieron vigentes desde el punto de vista político tan solo 20 años, pues el 19 de febrero de 1856 Santiago Vidaurri anunció la anexión de Coahuila a Nuevo León.

El 1 de marzo de 1854, Juan Álvarez proclamó el Plan de Ayutla, en el cual desconoce como presidente al general Antonio López de Santa Anna. Pronto en el noreste mexicano el prohombre de frontera, el general Santiago Vidaurri secundó a Juan Álvarez y propuso un proyecto al cual llamaron “Plan Restaurador de la Libertad” también conocido como “Plan de Monterrey”. Reconoció al nuevo gobierno nacional, se proclamó gobernador y comandante militar de Nuevo León. Sin dejar de ser el caudillo del noreste invitó a Coahuila y a Tamaulipas para una anexión y juntos hacer frente a los ataques de los llamados indios bárbaros y filibusteros texanos. Esta propuesta no les gustó a los círculos de poder en la ciudad de México y en los estados circunvecinos, dando origen a un distanciamiento con el gobierno representado por los liberales Ignacio Comonfort y Benito Juárez. Vidaurri se convirtió en el más severo crítico de Comonfort y su rebeldía le dio tal popularidad que llegó a ser mencionado como probable candidato a la presidencia.

El 19 de febrero de 1856, Santiago Vidaurri anexó Coahuila a Nuevo León, apoyado en casi todos los pueblos coahuilenses, excepto Saltillo y Ramos Arizpe. El gobernador de Coahuila don Santiago Rodríguez del Bosque, sometió al congreso y demás autoridades que apoyaron la anexión. Vidaurri por sus pistolas mandó traer a Monterrey al entonces gobernador de Coahuila para encarcelarlo. En el trayecto y ya prisionero, sufrió vejaciones y padeció insultos. El presidente Ignacio Comonfort ordenó a Vidaurri su renuncia del gobierno del Estado. Ante la rebeldía del lampacense, se ordenó al general tamaulipeco Juan José de la Garza para someterle con las armas. Vidaurri y Zuazua marcharon sobre Camargo el 28 de septiembre de 1856 y luego a Mier que se anexó por unos días a Nuevo León.

Las fuerzas tamaulipecas derrotaron a Escobedo cerca de Cadereyta y avanzaron sobre Monterrey, donde estuvieron a punto de ocupar la Ciudadela defendida por Zaragoza. Zuazua llegó el 3 de noviembre de 1856, obligando a de la Garza a retirarse para incorporarse a la división del general Rosas Landa, quien llegó a Coahuila para someter a Vidaurri. Para evitar otro combate, Zuazua y de la Garza acordaron el 3 de noviembre de 1856 el “Convenio de la Cuesta de los Muertos”. Con ello Vidaurri reconocía y obedecía al poder general, renunciaba a la gubernatura del nuevo Estado mientras se realizaba un plebiscito para llevar el asunto de la anexión de Coahuila. Poco más de 4 mil votos definieron la anexión contra 260 votos. Vidaurri se convirtió de nueva cuenta en gobernador y sus decisiones provocaron largas discusiones en el seno del Congreso Constituyente que finalmente aprobó la unión de ambos estados por 60 votos contra 20. El control de la aduana de Piedras Negras se aseguraba para el gobierno de Vidaurri, quien también mantenía su poder en el puerto de Matamoros. El viejo cíbolo de Lampazos era el hombre fuerte del noreste y se presentaba como un posible rival a la hora de tomar decisiones en el ámbito regional como nacional.

Cuando Benito Juárez llegó a Saltillo el 9 de febrero de 1864, recibió a un grupo de ciudadanos saltillenses que le mostraron su inconformidad por estar unidos al estado de Nuevo León. Le pidieron liberarse de la autoridad de Santiago Vidaurri. Benito Juárez fue mesurado y les propuso esperar un tiempo para ver el rumbo que tomaban las cosas. Luego del encuentro violento que tuvo con Vidaurri en Monterrey, Benito Juárez ordenó que las tropas republicanas asentadas en Matamoros, Zacatecas y Durango acudieran a Monterrey para detener a Vidaurri y proclamó un decreto en la plaza de armas de Saltillo, el 26 de febrero de 1864 mediante el cual Coahuila recuperó su soberanía como estado.

Correspondió al intelectual liberal Francisco Zarco, dar a conocer ese documento en la esquina nororiente de la Plaza de Armas de Saltillo. Parado sobre una silla de tule, se informó a los saltillenses sobre la separación de Coahuila de Nuevo León y convocó a los coahuilenses a tomar las medidas necesarias, para guardar esa independencia y soberanía que el presidente de la República le otorgó a Coahuila. También declararon a Nuevo León en estado de sitio y al general Santiago Vidaurri y sus seguidores como rebeldes al régimen.  El 20 de noviembre de 1870, el Congreso de la Unión ratificó la soberanía, al cual llamó Coahuila de Zaragoza.


El viejo sueño de unir al noreste más o menos se logró entre 1856 y 1864, cuando Nuevo León y Coahuila formaron una sola entidad, un proyecto que han querido identificar con la formación de la supuesta “República de la Sierra Madre”.

domingo, 5 de febrero de 2017

De la influenza y las malas influencias

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Actualmente vemos un repunte de pacientes que padecen la “Influenza”. Incluso en este mes de enero del 2017 que pasó, murieron 26 personas. La palabra “influenza” es de origen italiano. En el siglo XV se empleaba para referirse al contagio o brote de una enfermedad, entendida como la influencia o dolencia de un enfermo en otro. Por ejemplo, en 1504 hubo en Italia una epidemia de fiebre escarlatina a la que llamaron “influenza di febre scarlattina”, cuya traducción corresponde a una epidemia de fiebre escarlatina. Para 1743 la misma región sufrió por una gran epidemia de gripe conocida como “influenza di cattarro” (brote o epidemia de catarro), nombre que luego se abrevió a “influenza” y desde entonces se relacionó al catarro con la gripe. En 1783 esta denominación fue adoptada en el idioma francés para referirse a la gripe y por la misma época llegó al inglés. En 1843 aparece por vez primera bajo la forma de “flue” y más tarde a la actual “flu”. En el Diccionario de la Academia, este nombre de la gripe apareció en la edición de 1927 designado como "italianismo por trancazo o gripe".


Todas las patologías virales de una “infuenza” se manifiestan con fuertes fiebres y malestar general como cansancio físico, sudoración, diarrea o vómito. A fines de abril y principios de mayo de 2009, padecimos una grave amenaza de “Influenza”. En ese tiempo colaboraba en un programa que se llamaba “Consultorio, vida y salud” que se trasmitía en el Canal 53 de la UANL. Como era conducido por médicos, me preguntaron cuántas epidemias habíamos sufrido a lo largo de nuestra historia. Busqué información en el libro “Nuevo León, apuntes históricos” de Santiago Roel que nos da cuenta de las siguientes enfermedades.

En 1798 hubo una epidemia de viruela en Monterrey. A fines de 1802 y principios de 1803 ocurrió una epidemia de fiebre amarilla (hepatitis) en todo el Nuevo Reino de León que ocasionó la muerte de 1,900 vecinos de los 30 mil que se infectaron con la enfermedad. La fiebre amarilla se repitió en 1898 y 1903. Ocurrieron brotes de malaria o paludismo en 1815, 1825, 1836, 1844, 1853 y 1866, provocado por piquetes de mosquitos. De cólera morbus en 1833, 1849, 1850 y 1866 con fuertes diarreas.

El cólera morbus se desarrolló en todo el país en 1833. Para fines de julio estaban invadidos los pueblos del norte de Tamaulipas y los municipios de Nuevo León aledaños a ellos. Según esto, el brote había iniciado en Matamoros, por lo que se tomaron medidas urgentes para evitar el contagio. Lamentablemente el 6 de agosto de ese año se presentaron las primeras víctimas. Por eso el gobierno del Estado dictó medidas de seguridad e higiene pública. Concluyeron que la fruta era la fuente de trasmisión de la enfermedad, por eso fue decomisada y destruida. Prohibieron el ingreso de la misma, de la matanza de reses y de otros animales dentro de las poblaciones y que se arrojaran las aguas negras a las calles. Se preocuparon por la limpieza de las casas, las fuentes y las acequias, impidieron la venta de vinos y licores y los bailes después de las 10 de la noche como medidas precautorias.


Entre abril y diciembre de 1903 ocurrió una epidemia de fiebre amarilla o hepatitis que atacó preferentemente a los municipios del norte y del centro del Estado. Alertaban que el foco de infección estaba en las costas de Tamaulipas. A fines de 1918, una terrible enfermedad llamada “Influenza Española” invadió a todo el país y Nuevo León no fue la excepción. Le llamaban así porque decían que el foco de infección estaba en la península ibérica. Fue una pandemia que  causó muchísimas muertes. Por ejemplo, el 21 de octubre de 1918 fallecieron cien personas en Monterrey. El promedio de muertes era de 10 por día. A mediados del siglo XX tuvimos una de fiebre tifoidea o salmonelosis. Y ya en el siglo XX, cada año padecemos de dengue y recientemente de Zica y chikungunya


Dicen que nuestra generación ha sido testigo de varias enfermedades que han puesto en alerta a nuestras autoridades sanitarias. También he visto cierto escepticismo que tiende a menospreciar los alcances de la llamada “Influenza Humana”. Ciertamente que nuestros gobernantes deben invertir más en salud, en investigación y tecnología. Pero sobre todo, realizar campañas de concientización y prevención en la salud personal como pública. Solo así evitaremos que broten nuevas enfermedades o contagios que se pensaban que ya se habían erradicado.

domingo, 1 de enero de 2017

Hablemos del mes de enero

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

La palabra mes viene del latín “mensis”, cuyo origen en griego hace referencia a la Luna. Entonces un mes es un ciclo lunar. El calendario romano tenía solo diez meses. Comenzaba en marzo y terminaba en diciembre, con seis meses de 30 días y los otros cuatro con un día de más. Entonces el ciclo tenía 304 días, más un periodo invernal que duraba sesenta días en el cual no se registraba fecha alguna. Según la tradición, durante el reinado de Numa Pompilio en el siglo VII a.C.,  estableció la formación de dos meses a los que llamó enero y febrero. Al primero con 31 días le llamaron “Januarius”, en homenaje a Jano, el dios de las puertas que regía las entradas y los comienzos, los umbrales y los puentes. Se le representaba con las caras contra opuestas, porque con cada una de ellas podía ver y regir el pasado y predecir el futuro. Con una veía al año que se iba y con la otra puesta en el porvenir. En consecuencia, los romanos le dedicaron el primer mes del año, desplazando a marzo como el inicio.

Era tanta la devoción al dios Jano que poseía doce altares, correspondientes a uno por mes; además de un gran templo que se cerraba cuando no había guerra. Para honrarlo, la gente estrenaba ropa, los maridos regalaban dinero a sus mujeres, procuraban iniciar con monedas en sus bolsillos como señal de que no faltara en el resto de los meses y se cruzaba los umbrales siempre con el pie derecho por delante para tener buena suerte en todo el año.

El 1 de enero como primer día del año, se fijó el año 46 antes de Cristo, cuando el emperador Julio César dejó en 445 días, entrando en vigor al año siguiente. El 1 de enero quedó como el primer día, en el tiempo en que los magistrados y cónsules comenzaban a desempeñar sus nuevos cargos. Ahora, ¿por qué el año comenzaba originalmente en marzo? Es cuando se aprecian los cambios de renovación en la naturaleza. El verdor se ve por doquier y en consecuencia anuncia el ciclo nuevo de regeneración en los campos y montañas. Si se fijan, el zodiaco comienza con Aries el 21 de marzo.

Aquí en México, iniciábamos el año con la vieja creencia conocida como “Las cabañuelas” y que lamentablemente es una costumbre que comienza o tiende a desaparecer. Esa práctica, consiste en pronosticar el tiempo del año en base a la observación del clima de los primeros doce días de enero. Funcionó hasta hace algunas décadas, cuando todavía el clima del planeta no estaba tan alterado. Bastaba con que lloviera un poco el primer día del año, para decir que enero sería lluvioso y si el día siguiente hacía mucho viento, febrero se presentaría con muchos “aironazos” porque había soplado el día dos. Con base a estas suposiciones, se popularizó la frase: “enero y febrero desviejadero”, pues dicen que en los primeros 60 días del año, regularmente pasan a mejor vida los adultos mayores.

Luego se decía que febrero loco y marzo otro poco. Y así sucesivamente. En las antiguas comunidades agrícolas predominaba la idea de que el clima de los meses, se habría de deducir por el tiempo observado los primeros doce días del año y continuaban en reversa a partir del día 13 de enero, número al que le asignaban la equivalencia a diciembre y así el orden ascendente hasta llegar a enero con el 24. Luego se hacían cálculos más complicados, donde el día 25 de enero correspondería al bimestre, de suerte que se repartían 12 horas por cada mes. El asunto es que antes apreciábamos a la naturaleza, observando y calculando de una manera muy simple y hasta algo ingenua, pero que nos hacía acercarnos más al medio ambiente en que vivíamos. La gente de “más antes” como decimos, gustaba de prever los cambios climatológicos ya sea a través de las cabañuelas o del Calendario Galván, mismo que comenzó a editarse desde 1825. Ahora lo hacemos viendo a las “chicas del clima” o buscamos el famoso Wheater Channel (canal del clima) para ver como estarán los tiempos.

Ahora, también debemos diferenciar entre el año solar y el calendario lunar. El primero se define como el intervalo de tiempo empleado por el Sol, en completar su órbita aparente en torno a La Tierra, específicamente de primavera a primavera, desde el punto Aries o equinoccio de primavera hasta el siguiente periodo similar. Por ejemplo, desde hace 5 mil años, los babilonios constataron que el Sol visto desde la Tierra, se va proyectando sobre diferentes constelaciones y que este recorrido se repite cada 365 días aproximadamente. Como no tiene un número entero de días, se han hecho reformas para ajustarse a lo observado como las que se hicieron en torno a los calendarios Juliano y Gregoriano que más adelante trataré. 

En un calendario lunar, los años se calculan de acuerdo a los ciclos de la Luna. Cada periodo corresponde a un "mes lunar"; es decir, a cada lapso comprendido entre dos momentos en que la Luna se halla exactamente en la misma fase (sea esta creciente o menguante) y se le llama consecuentemente "mes lunar", que corresponde 28 días solares aproximadamente. Por eso lo relacionan con periodos naturales, como el ciclo sexual de las mujeres, de las demás especies o las mareas.

A decir verdad, hoy en día seguimos con un calendario lunisolar; que determinan las cuatro estaciones como primavera, verano, otoño e invierno. Son doce meses lunares por cada año solar y a la repetición de doce lunas se la llama año lunar. Como los años lunares no coinciden con los años solares, cada tanto hay un año solar con trece lunas. Los calendarios lunisolares, a pesar de guiarse según los meses de la Luna, añaden otro cuando corresponde un mes al año que se intercala, para que el comienzo del nuevo año solar tenga doce lunas. Por eso a veces hay meses que tienen hasta dos Lunas llenas.

También hay año civil y año religioso. El año civil actual tiene una duración media de 365 días y un cuarto de día. Y el año religioso, expresado en términos y usos litúrgicos, da comienzo con periodos o fiestas religiosas, como para los católicos que dan por el terminado el año con la fiesta de Cristo Rey a fines de noviembre y el inicio del Adviento.

También hay dos calendarios, el calendario Juliano (basado en el calendario romano, que dividió la historia a partir de la fundación de Roma) y que tuvo vigencia hasta el año 1582, cuando el Papa Gregorio XIII, ordenó corregir el cómputo quitando diez días para ajustarlo. Los días que desaparecieron, van del jueves 4 de octubre al viernes 15 de octubre del año ya citado. El Juliano más bien se regía por los ciclos de la Luna y el nuevo por el movimiento solar. Para evitar ese error de un día cada 128 años, el calendario Gregoriano quitó tres años bisiestos cada 400 años. El año Juliano consta de 365 días y 6 horas. Es 11 minutos y 14 segundos más largo que el año trópico o de las estaciones. Esa pequeña diferencia acumula un error de un día cada 128 años, y había acumulado tres días en desde Julio Cesar hasta el Concilio de Nicea ocurrido en el año de 325 d.C.

Como se advierte, la aplicación del calendario juliano fue acumulando un error importante en la suma de los años y el día del equinoccio de primavera, se fue corriendo en el calendario varios días hacia el comienzo de marzo, resultando difícil determinar el momento de la Semana Santa. A los pontífices del Renacimiento no les gustaba la burla de los protestantes que decían que celebraban erróneamente la Semana Santa.  


Pero ya comenzó enero y es la puerta del año. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Alberto del Canto: el fundador del noreste

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Si queremos remontarnos al origen del Nuevo Reino de León, debemos conocer a Alberto del Canto, a Luis Carvajal y de la Cueva, Diego de Montemayor y Gaspar Castaño de Sosa. Gracias a un litigio jurisdiccional llamado “El documento del Parral”, sabemos que del Canto llegó a la región en 1577. Junto con Diego de Montemayor participaron en diversas campañas al servicio del gobernador de la Nueva Vizcaya, la cual estaba formada por Durango, Chihuahua y Nuevo México y de unas porciones de Coahuila, Zacatecas y Nuevo León.

Del Canto nació en 1547 en Praia de la Isla Terceira en las Azores. Hijo de Sebastián Martín Do Canto y de María Díaz Viera. Con apenas 15 años, se embarcó para probar suerte en la Nueva España donde residió temporalmente en la Nueva Galicia, de la cual huyó por delitos que cometió. Supuestamente lideraba a unos bandoleros que asaltaban en los caminos que van de Guadalajara a Zacatecas y viceversa.  Llegó a la Nueva Vizcaya en la cual sirvió a las empresas de pacificación y colonización de parte del gobernador Martín López de Ibarra. Salió de San Gregorio de Mazapil con dirección al noreste, acompañado por 25 soldados. Se supone que entre 1575 y 1577 fundó la Villa de Santiago del Saltillo. Luego fundó la Villa de Santa Lucía, pero como no tenía permiso ni reconocimiento del Rey de España, es considerada un simple asentamiento informal. Se le atribuye también el bautizo de algunos puntos de la región, como el Cerro de la Silla, las Mitras, el Valle de Nueva Extremadura, el Río Santa Catarina, la estancia del mismo nombre y San Gregorio.
En 1577 encontraron unas vetas de plata en el extremo oriente de la sierra de Picachos a las que llamaron San Gregorio en el actual Cerralvo, para recordar a San Gregorio de Mazapil. Le dieron la vuelta a esa cordillera para llegar a otro punto en donde encontraron otras vetas de plata a las que llamaron de La Trinidad en el Valle de Couila, primer asiento de lo que actualmente es Monclova, Coahuila.

Se comenta que por la clase de persona que fue, todas las damas de su tiempo se enamoraban del soldado. Su personalidad y buen porte (alto y rubio) lo hacían mujeriego en exceso. Por eso también le apodaban “Alberto del Diablo” por ser un alborotador de indígenas y demás gente. En 1581 decidió ponerle los cuernos a su mejor amigo y compañero. Empieza a cortejar a doña Juana Porcallo y de la Cerda, la tercera esposa de Diego de Montemayor.

Diego de Montemayor se casó en primeras nupcias con doña Inés Rodríguez, vecina de Málaga, España el 7 de diciembre de 1548. Con ella pasó a la Nueva España al poco tiempo. En segundo matrimonio, contrajo nupcias con doña María de Esquivel, de la cual tuvo a su único hijo varón, al que llamaron Diego de Montemayor y Esquivel y en consecuencia apodaron "El Mozo". En tercera y última instancia, se casó con doña Juana Porcallo y de la Cerda, quien era hija de un inmigrante portugués y con quien procreó a una hija de nombre Estefanía; quien por cierto una ocasión declaró "que vio al capitán Alberto del Canto con su madre en la cama muchas veces, pero por temor no dijo nada", especialmente cuando su padre salía con rumbo a Santa Lucía y a los minerales de San Gregorio. Una noche Montemayor regresó a Saltillo y los vio en una relación sexual. Con coraje y celos, Montemayor mató a su esposa por infiel con su propia espada en el lecho donde estaba con del Canto; quien pudo escapar con rumbo a San Gregorio.

Tras el asesinato de su mujer, Diego de Montemayor huyó al norte viviendo una vida salvaje, hasta que el virrey lo exoneró de todos los cargos, pues la ley no castigaba la muerte por ese motivo. Montemayor juró asesinar a su rival sin que lograra su objetivo. Entonces se dejó crecer la barba y con sus hombres acudió hasta San Gregorio para dar muerte a su traidor y rival en amores. Los conquistadores se dividieron: unos apoyaron a Montemayor y otros a del Canto. Se supone que Luis Carvajal y de la Cueva al saber de la división de los pobladores, logró sellar una alianza entre Alberto del Canto y Diego de Montemayor. Contrajo nupcias Estefanía en 1586, procreando su primer hijo llamado Miguel de Montemayor en 1587, para fines de 1589 nace su segundo hijo bautizado con el nombre de Diego de Montemayor y en 1593 tienen a su única hija, Elvira. Las cosas no terminaron bien para del Canto. En 1593, fray Pablo de Góngora lo acusó ante  el Tribunal de la Inquisición por sus amoríos con doña Juana Porcallo y tres años después, sus hijos se fueron con su abuelo a fundar la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey en 1596.

La descendencia de Alberto del Canto y de Estefanía Montemayor Porcallo, dejaron de usar el apellido del Canto y tomaron el apellido materno Montemayor, relegando al olvido el apellido del fundador de Saltillo. Pero hay muchos descendientes regados. Todos los Rodríguez de San Pedro Garza García y Santa Catarina vienen de esa rama familiar, al igual que todas las dinastías que poblaron el valle del Huajuco entre los siglos XVII y XVIII. Y dicen que los rasgos güeros y ojos de color se deben a del Canto pues tenía orígenes en Inglaterra, ligados al ducado de Kent.

La rivalidad entre del Canto y de Montemayor se hace aun visible entre Saltillo y Monterrey: la virgen del Roble y el Santo Cristo, la capital de las provincias internas de oriente, la rivalidad entre Ramos Arizpe y el padre Mier, la elección del sitio en donde fundar la universidad en 1933 y otras cosas más. En mi añorado Saltillo tienen a del Canto como insigne fundador y poblador y se le reconoce por sus méritos. Alberto del Canto y Díaz de Vieira exploró el norte de la Nueva España. Desde la Nueva Galicia, la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León, apoyando la fundación de pueblos y minerales importantes. Por eso en 1996 quisieron inaugurar un monumento en su honor, pero salieron muchos partidarios que no era posible rendir homenaje a quien le robó la esposa y se quedó con la hija del fundador de Monterrey. El monumento está cerca del paseo de Santa Lucía, al este de la calle de Diego de Montemayor. Lo más extraño es que no hay monumento de él en su Saltillo del alma.

Como se advierte, Alberto del Canto es indudablemente un personaje enigmático y controvertido. La de un hombre inquieto, de espíritu aventurero y sagaz. Amante de la madre y esposo de la hija. De personalidad controvertida, lo mismo esclavizó y vendió naturales y dicen que por las noches le gustaba disfrazarse de fantasma para asustar a los paseantes. Fungió en repetidas ocasiones como alcalde y regidor de Saltillo. Reconocido domador de caballos. Al final de su vida se retiró a su propiedad en la hacienda de Buena Vista de Saltillo, que luego cambió a Urdiñola, se casó otra vez y murió en Parras en 1611.


Mi abuelo Alberto del Canto.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Si son de harina ni me las calientes...

Antonio Guerrero Aguilar/

Hay una sentencia popular: si son de maíz ni me las mientes, pero si son de harina ni me las calientes. En Monclova aseveran: Si son de harina ni me las calienten pero si como unas de maíz se me parten los talones. Por cierto, la tortilla de harina inspiró al promotor cultural y artista monclovense Jesús Guajardo de los Santos para hacerle un poema llamado A mi gordita querida: Me enloquece sentir tu calor, sentir que me queman los labios; no me importa que queden resabios, cuando aspiro con fuerza tu olor. Al ver tus lunares de obscuro color, los quiero palpar en mis manos, recorrer tus bordes livianos, gozar de la suave tersura de tu cuerpo. El gozar la blancura lo mismo que en invierno que en ardiente verano…

Dicen que mujer que no sabe hacer mole, chiles rellenos ni tortillas de harina, no están aptas para el matrimonio.  Pero también advierten de su peligrosidad. Dicen que los polvos blancos son los que más daño hacen a la salud de la gente son la harina, la sal y la azúcar. Pero nadie pone en duda su sabrosura, lo mismo recién hechas saliendo del comal que frías o al tiempo.


Las tortillas de harina son muy buenas para preparar tacos, ya sea con frijoles, chorizo con huevo, carne seca o algún otro guiso. Y saben distinto cuando se les calienta en un improvisado comal en la hoguera. Cuando estaban haciendo la biblioteca de la Universidad de Monterrey, al medio día el aroma de las tortillas de harina recorría todo el campus y había alumnos que compraban o cambiaban los tacos a los albañiles. Durante mucho tiempo, fue el alimento preferido de los arrieros y agricultores, quienes siempre llevaban consigo un bastimento: carne seca y una especie de bizcocho o pan hecho con harina de trigo o de maíz, acompañado con pinole y piloncillo. Los vaqueros y militares que pelearon y participaron en algún episodio del siglo XIX con eso sobrevivían. La alimentación norteña es fruto del sincretismo cultural: desde la  carne asada, el cabrito, la fritada, las tortillas de harina, la carne seca y la elaboración de panes en los que se mezcla la manteca de puerco, el piloncillo y la nuez.

Para muchos, la tortilla de harina es de origen sefardita. Es lo más parecido al famoso pan ácimo con el cual Yahvé alimentó a su pueblo por el desierto durante el Éxodo. Para otros tiene su origen en el sincretismo cultural de los españoles y los bereberes del desierto. El pan árabe es propiamente una tortilla de harina. Una ocasión mi papá llegó a la casa ofreciendo unos burritos para la cena. Cuando vi la envoltura, leí claramente que era una torta con pan árabe; muy parecido por su forma, textura, color y sabor a la tortilla de harina. Es más, los bereberes del desierto amasan la harina, la ponen sobre las brasas, las tapan con la arena del desierto y esperan a que queden cocidas. Luego les quitan la tierra y pedazos de carbón que se quedaron en el pan y las comen con mucha devoción y respeto. 

Por eso se dice que las tortillas de harina llegaron con los conquistadores españoles, quienes estuvieron por mucho tiempo dominados por la cultura árabe y de la cual aprendieron diversas formas de aprovechar el trigo haciendo el pan árabe, el pan semita y el cereal. Los beduinos aún preparan el cereal árabe en comales de barro convexo de más de 60 centímetros de diámetro.  Las dejan cocer hasta que se tuestan para posteriormente triturarlas y las mezclan con leche de cabra como si fuera un cereal que nosotros consumimos por las mañanas.

Indudablemente la tortilla de harina enlaza y está en todo el norte de nuestra nación. Desde Tijuana a Matamoros se le conoce y aprecia. Y ahora trascendió su consumo más allá del Río Bravo y del Trópico de Cáncer. Gracias a una panificadora hasta le cambiaron el nombre: en lugar de tortillas de harina les llaman tortillinas. Ahora se consumen allende las fronteras debido a la demanda de todos los mexicanos que viven en los Estados Unidos y de otros estados del centro como del sur del país. En Chihuahua preparan los burritos, hechos con la famosa tortilla de harina y a la que se le agrega algún guiso regional como el asado, la carne deshebrada, el chicharrón prensado o simplemente queso asadero. Las tortillas grandes conocidas como sobaqueras sólo se hacen en Sonora y son consideras como un valor turístico, culinario, cultural y patrimonial de los sonorenses.


Una buena tortilla originalmente se hacía con harina, manteca vegetal (mi mamá usaba la marca Inca), rexal y sal al gusto. Si querían hacer tortillas para el desayuno o merienda, entonces le ponían azúcar.  Y sabían a gloria acompañadas con café. Para preparar la masa le ponen agua. Yo conozco algunos lugares en donde les ponen leche y a veces hasta mantequilla. Ahora las tortillas llevan aditamentos, conservadores y hasta colores. Las hacen en máquinas especiales y las someten a un proceso de pre cocimiento. Ya casi no las quieren preparar en la casa, por lo complicado de los tiempos que vivimos. Regularmente las hacen las abuelitas o señoras que con tradición muy apegada. Preparadas con habilidad y destreza para hacerlas redonditas. Ahora solo las preparan en momentos y tiempos especiales. Es mejor comprarlas en alguna cadena comercial y en bolsitas de diez o 20 de ellas.

Por ejemplo en Monclova, Coahuila existen más de 600 negocios dedicados a su fabricación. La mayor parte son empresas familiares donde se elaboran a mano, como las de “Mi fondita” que representa la principal empresa dedicada a esta actividad de manera formal desde 1991, pero desde antes ya lo hacían aunque con menor producción. La tortilla de harina era principalmente utilizada para hacer el lonche de los obreros de Altos Hornos y de las fábricas que llegaron a Monclova. No necesitaba calentarse y con cualquier guiso saben bien. Sin duda en Monclova se registra la mayor producción de tortilla de harina que buscan residentes del lugar y paseantes ya que tienen el sabor casero, al ser elaboradas por mujeres que por años se han dedicado a esta actividad. En municipios del norte de Coahuila las comen en la mañana, medio día y cena. Una vez en Zaragoza, Coahuila comimos fritada de cabrito con harina. Nunca había probado esa mezcla, que me pareció riquísima.

Pero también en muchos municipios de Nuevo León se generalizó su consumo desde el siglo XIX, pues había muchos molinos de trigo en la ciudad. La tortilla de harina cobró gran importancia en las familias de la región y en los años 70 comenzó a industrializarse. En Sabinas Hidalgo, Nuevo León destacan las tortillas que prepara desde 1985 la empacadora de Jorge Cantú. Tan ricas y famosas que vienen desde Laredo, Texas por ellas y buscadas por los sabinenses que extrañan la gastronomía típica de su pueblo. Indudablemente la tortilla de harina es un alimento que a diario se busca y se consume entre la población del noreste del país y que ha dado lugar a varios platillos que se han popularizado también en Estados Unidos como las llamadas burritas.


Santa Catarina no es la excepción. Mi mamá las preparaba grandes, en cambio unas tías las hacían pequeñas. Hay quien dice que en La Fama se cocinaban las tortillas de harina y que cuando llegaron las familias procedentes de Santiago del Huajuco, se asombraron por el sabor de ellas pues no las habían probado. Incluso desde hace 50 años, tenemos un restaurante llamado La Burrolandia en donde se preparan los mejores burritos con salchichas y frijoles.

¿Con éste clima no se les antojan unas tortillas de harina?, ¿de azúcar o normales?

domingo, 11 de diciembre de 2016

La noche de las luminarias en Higueras

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

El rasgo más representativo y su principal  sacramento comunitario de Higueras, son las famosas luminarias. El origen y significado de las luminarias es confuso. Se pierde en la obscuridad de los tiempos. Simplemente dicen que siempre las han puesto cada 11 de diciembre por la noche. Un periódico llamado La Defensa de Monterrey publicó en 1891: "Costumbre inmemorial es en éste pueblo el que los jóvenes vayan en grupos a la colina inmediata a cortar y llevar personalmente a sus casas un arbusto que llaman candelilla. Con ella forman grandes luminarias en el centro de las calles, encendiéndolas todas a un mismo tiempo, de la hora que terminan las vísperas, a la vez que los hombres disparan cohetes y armas de fuego por todos los rumbos de la población".

En la quema de la Candelilla intervienen diversos elementos simbólicos que conviene analizar para comprender mejor una de las fiestas más representativas de Nuevo León. Las luminarias son luces que se ponen en las ventanas, balcones, torres, calles, plazas en señal de fiesta, en las ceremonias litúrgicas y entierros. Las de Higueras posiblemente tengan su origen, en un edicto eclesiástico firmado por el obispo de Guadalajara, fray Francisco Buenaventura Martínez de Tejeda, el 19 de noviembre de 1756: "Se conceden 40 días de indulgencia a quienes por la noche de la víspera y día de Guadalupe, adornasen la puerta de su casa y calle, iluminándola con luces y luminarias e hicieren otras piadosas demostraciones de gratitud, júbilo y alegría".  

La virgen morena del Tepeyac es la patrona de los entornos. Encontramos nombres de Guadalupe en casi todo el valle de las Salinas (Mina, Abasolo, El Carmen y Salinas Victoria), en el Carrizal de los Ayguales, lugar donde se asienta Higueras. Hay una comunidad de Marín llevan el nombre de Guadalupe, al igual que en Villaldama, Sabinas Hidalgo y Anáhuac al norte de Nuevo León. Seguramente su culto fue propagado por los franciscanos y se afianzó en 1748 cuando fue declarada patrona del Nuevo Reino de León. 

A mi parecer, en la noche del 11 de diciembre se fusionan elementos religiosos propios de diversas culturas. Se hacen montones o atados de un arbusto típico de la región.  El elemento esencial es el fuego. Los filósofos  presocráticos pensaban que el origen de las cosas tenía que ver con los elementos naturales. Por ejemplo para Heráclito de Éfeso (576-480 a.C.) el fuego está presente en todas las cosas. En su fluir incesante forman la unidad en el titilar inquieto e incesante de las llamas, las cuales expresan su luz en torno elocuente de un cambio. Es el tránsito de las cosas que vienen del fuego o vuelven a él.

Los ritos relacionados con el fuego están muy identificados con la purificación. Quienes lo practican proceden de culturas agrarias. Simbolizan los incendios de los campos, que se hacen poco antes del inicio de la primavera para propiciar su regeneración y favorecen la aparición de un manto verde que nos habla de la naturaleza viva.  El fuego es considerado una  imagen de Dios, la menos imperfecta de sus representaciones y como esencia supra esencial que simboliza al intelecto, es decir, a la conciencia. El incendio que consume simboliza purificación y regeneración; de destrucción a la inversa por su luz y su verdad y que paradójicamente genera vida.

          
El fuego se presenta en las sagradas escrituras, como manifestación y la representación de Dios; con su luz y calor purificaba a las cosas. Desde los orígenes de la humanidad, los hombres ofrecían sacrificios. Una forma es el holocausto, sacrificio en donde la víctima o las ofrendas eran quemadas en beneficio de Dios para expresarle un acto de total sumisión, como Caín y Abel que ofrecían animales recién nacidos y frutos que incineraban. Dios se manifestó a Moisés en una zarza ardiendo. De aquí se deriva el uso  del candelabro del  Tabernáculo o de los Siete Brazos, conocido como “Menorah”. Simboliza a las siete lámparas que iluminaban, según modelo presentado por Dios a Moisés en el monte Sinaí. Son las luces del cielo que podemos apreciar desde la Tierra. Para los judíos, la fiesta de las luminarias se llama Januka y se celebra el 14 de diciembre.

Vemos reminiscencias o rasgos prehispánicos. En las culturas precolombinas el atado de hierbas significaba el fuego nuevo. La tradición mexica representaba en una ceremonia el nacimiento del fuego nuevo. Al llegar la media noche encendían primeramente el altar a Huitzilopochtli; después los de las escuelas; enseguida los templos y las casas. El fuego debía de permanecer ardiendo otros cincuenta y dos años.  La fiesta del fuego nuevo coincidía con la fecha, en que la constelación de las Pléyades pasaba el cénit a medianoche. Las Pléyades eran sumamente importantes para los antiguos mexicanos. En las latitudes del altiplano central su ciclo anual muestra ciertas relaciones particularmente interesantes, ya que se ubican en una simetría opuesta al curso del Sol.

Existe un afán penitencial  en las luminarias; la forma de traerlas desde el monte, solo deben cortarlas o arrancarlas con los pies de mujeres o niñas, evitando hacerlo con las manos y en la manera de hacer los montones. Originalmente las luminarias se hacían en la calle afuera de las casas. Hoy solo las hacen por seguridad entre la plaza y el templo. El arbusto ya procesado se convierte en parafina, materia prima de la cera y la cera es elemento natural usado habitualmente en el culto a Dios, el cual se enciende y permite que poco a poco se vaya consumiendo. El significado cultural de este rito es el de una ofrenda hecha a Dios que representa el grado en que nosotros deberemos de consumir nuestras vidas en buenas obras, sacrificios y penitencias. De ésta forma, la cera se convierte en un representante de mi persona ante una imagen a quien se le ha solicitado algo y que exige de mí un cierto grado de disciplina que me consume como si se tratara de una correspondencia moral a la buena acción que se recibirá  de la divinidad.


Fernando Garza Quirós escribe sobre las luminarias de Higueras: "La tradición -que me parece más bella de la región- las Luminarias de Higueras, y -como decía muy acertadamente el licenciado (Ricardo) Elizondo se acostumbraban las luminarias en todas partes y por diferentes cuestiones, pero eran cazuelejas u otro tipo de luminarias para el nacimiento de los infantes o las bodas reales o cosas de éste tipo. En Higueras, desde hace muchos años, sin que se pueda precisar la fecha, se hacen con candelilla; no la candelilla de exportación, sino otra candelilla cuyo nombre no recuerdo; es una planta que también se incendia rápidamente. Juntan las mujeres en un plan penitencial, descalzas en los cerros, la candelilla; la juntaban enfrente de la puerta principal de la casa, -ahora ya no se puede por el tráfico y demás calles pavimentadas-, se iban amontonando aquellas cosas, más o menos desde octubre empezaba a hacerse esto, y el 11 de diciembre, anteriormente a un toque de campana, se incendiaba todo aquello. Me parece precioso, como una especie de oración de fuego, por ser la Víspera Guadalupana y todo lo demás. Esto tiene una serie de posibles interpretaciones antropológicas, la mujer como conservadora del fuego del hogar, etcétera, y el aspecto penitencial que mencionaba, así rápidamente. Cuenta la tradición que el firmamento espera trescientas sesenta y cuatro noches, para ver su rostro reflejado en la Tierra. Hay quienes dicen que las estrellas sólo viven porque desean volver a contemplarse en las Luminarias de Higueras. El 11 de diciembre la Villa de Higueras oficia una ceremonia íntima. Se transforma. Se corona con mil cúpulas de fuego, para convertirse en espejo del Firmamento. No es una lucha contra la noche, ni una prolongación de la alegría del sol. Es la plegaria anual que incendia la Fe, y funde el trabajo con resabios de antiguos matriarcados. El origen de la celebración permanece oculto. Sólo se sabe que en la víspera guadalupana, el pueblo higuerense le habla a Dios con el lenguaje del fuego.


Atenúa el sol su calor, y las sacerdotisas del fuego imploran luz al paisaje. Los cerros escuchan la súplica y entregan la candelilla. Sólo las manos de quienes conservan vivo el fuego del hogar pueden cortar las plantas. A veces se incluyen niños. El transporte debe hacerse en hombros y con pie descalzo, para darle carácter penitencial a la ofrenda. El día escucha el canto del trabajo, embellecido con música de estrellas. Los ancianos dicen que la candelilla acumula la sabiduría escondida en los pliegues de la tierra y que se nutre de soles y sequías, porque sabe que va a convertirse en oblación. Los montones de candelilla crecen a cielo abierto, en las calles, frente a las puertas de las casas. Esperan en silencio, se preparan para estallar en fulgores la plegaria y convertirse en luz.

El introito se inicia con el sacrificio de la tarde. Cuando el horizonte se despide con luces interferentes. Después la torre del templo canta en su corola de bronce. Calla y el silencio impone su misterio. A veces un revólver descarga en rosas de trueno la emoción contenida. Surge el fuego y se admira de ver a las luminarias celestiales saludar su nacimiento. El asombro se convierte en júbilo, y el júbilo en danza. Las llamas quieren alcanzar a sus hermanas del cielo, les envían  pétalos radiantes y suplican con plegarias de destellos. Esa noche no hay ráfagas de sombra. La luz derrocha alegría y destruye distancias. El fuego armoniza la lejanía del firmamento con la solemnidad del desierto. La liturgia termina cuando aparece la Estrella de la Mañana. Luego el sol rompe las tinieblas y se apodera del horizonte. Las pupilas del espíritu tendrán que incendiar el recuerdo para volver a compartir la armonía invisible".


Las Luminarias de Higueras, una de las principales tradiciones religiosas de Nuevo León.   

jueves, 8 de diciembre de 2016

La figura política del cronista

Antonio Guerrero Aguilar/ Ex cronista municipal de Santa Catarina


El 30 de mayo de 1987, 38 compañeros con nombramiento en mano, apoyados por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, del Archivo General del Estado de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de Nuevo León la cual nos recibió en la hacienda San Pedro de General Zuazua (en ese tiempo en proceso de rescate y conservación) sede del Centro de Información de Historia Regional. Son 26 años de presencia, trabajo, sufrimiento y de aportar a nuestros pueblos, su raíz y su grandeza a través de la memoria y la identidad cultural. De los fundadores aun quedan algunos, unos fueron removidos a través del poder temporal con el que rigen nuestros alcaldes, quienes cada tres años los cambian y los quitan, otros se nos han adelantado en el camino. Lo cierto es que como toda organización formada por seres humanos, la generación fundante debe dar paso a una generación consolidante. Somos nosotros los cronistas municipales de Nuevo León quienes debemos ajustarnos a los tiempos venideros, pues somos los hijos de la memoria y los profetas que hablamos a través de quienes nos antecedieron.

¿Y cómo queda la figura política del cronista en éste tiempo, tan desmemoriado y propenso al olvido? Está en veremos una nueva ley orgánica de los municipios que contempla la figura política del cronista. Por fin nos reconocerán. En el anteproyecto hay un capítulo cuarto, con artículos del 121 al 123 relacionado al cronista municipal, al cual considera como el ciudadano que por encargo del ayuntamiento tiene como  labor fundamental el registro de sucesos notables acaecidos dentro de la circunscripción territorial, así como investigar, sistematizar, publicar, conservar, exponer y promover la cultura, las tradiciones e historia del municipio.

Propone a un cronista municipal nombrado por el ayuntamiento, a propuesta del presidente municipal. El cargo será honorifico pero la administración pública municipal le prestará todas las facilidades materiales y económicas necesarias para el cumplimiento de  su labor. Contará con los recursos que se deriven del trabajo coordinado con las instituciones públicas  y privadas que tengan injerencia en la investigación, cuidado y reunión del acervo y difusión de las culturas municipales. El nombramiento del cronista municipal recaerá en un ciudadano que se distinga por su labor y conocimiento de la historia y la cultura del municipio. Tener la vocación de registrar y difundir los valores y tradiciones de la localidad. Como dato relevante propone a un cronista regional, cuando dos o más municipios vecinos podrán convenir en la designación de un cronista común.


Ciertamente la ley nos da más trabajo de lo que ya tenemos o hacemos. Por ejemplo, son funciones y atribuciones del cronista: registrar literaria y documentalmente los personajes y acontecimientos relevantes de la comunidad; elaborar escritos referentes a la vida e historia de la comunidad; colaborar en la sistematización y difusión del acervo documental del archivo histórico del ayuntamiento; fungir como investigador, asesor, promotor y expositor de la cultura de la comunidad municipal; elaborar monografías de la vida institucional del Municipio, para crear conciencia cívica, fortalecer la identidad y el arraigo local de los ciudadanos; proponer la creación, modificación o cambio de escudos, himnos y lemas del municipio; coadyuvar en el fomento y difusión de eventos culturales, tradiciones y costumbres locales o regionales; promover la inserción en los medios de comunicación de noticias, boletines y reportajes sobre el municipio y sus instituciones; emitir opiniones cuando las autoridades así lo requieran sobre acontecimientos históricos del municipio; y las demás que el Ayuntamiento le asigne.


Lamentablemente no habla de las causas de remoción, o si debe ser un puesto o cargo trienal o vitalicio. Tampoco de los consejos de la crónica como el de Villa de Santiago, Nuevo León, que me consta trabajan en serio. Tampoco menciona el compromiso y respeto que el cabildo y la administración municipal deben tener con el cronista y no considerarlo como funcionario de tercera o cuarta categoría. El cronista es el cronista y punto y deben por respetarlo los integrantes del cabildo como de los secretarios y directores de área, que a veces gustan de desquitarse y aplicar la ley y la autoridad en contra del cronista. 

Y a cómo vamos, tampoco nos darán recursos. Pero ¿y si los dieran? Entonces saldrán francotiradores para quedarse con el pago, pues dicen que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error. Tal y como recientemente lo padecí en Santa Catarina. O por el simple hecho de estar bajo un sueldo, nada de comentarios que les puedan causar malestar. Es difícil ser cronista en éstos tiempos.

Me dedico a contar narraciones e historias en donde me piden y me invitan.

Santa Catarina, Nuevo León, Mexico